SAB 21 MAR 2009 | 19:30
Ha llegado la hora de dedicarse a los servicios. “Yo creo que estamos en un punto de inflexión en la historia de nuestro negocio. Las redes cubren el mundo entero y por ellas circula la información a alta velocidad. El costo ha bajado hasta el límite de lo posible y ahora estamos por fin en condiciones de comenzar a poner cada vez más valor en cada uno de esos bits que se mueven por la red. Me refiero a los servicios. Las guerras tecnológicas terminaron. El mundo está listo para ir hacia adelante y aprovechar la tecnología para ofrecer aplicaciones”.
–¿Cómo es el modelo de negocios de Qualcomm?
–Competimos en dos sectores: microchips y patentes. Hubo un momento en que fabricábamos teléfonos, pero lo hacíamos porque nadie creía en nuestra tecnología y porque era la única forma de llevar productos al mercado. Entonces, creamos nuestro propio ecosistema.
Pero en 1999, cuando nuestro negocio de patentes ya era grande, vendimos a Ericsson el sector infraestructura y a Kyocera, en 2001, el negocio de teléfonos. A partir de ese momento, nos dedicamos exclusivamente a fabricar chips, que es lo que mejor hacemos. El otro aspecto de nuestro negocio actual es el de las patentes, que representan 90% de los ingresos de nuestra compañía. Con ellas nuestra metodología es única. Cuando entramos al mercado había un oligopolio formado por un pequeño grupo de grandes fabricantes, los únicos lo suficientemente grandes como para poder garantizar que los productos llegaran al mercado.
Nuestra decisión estratégica fue no entrar al grupo para convertirnos en el cuarto miembro del oligopolio sino vender nuestras patentes en forma proactiva. Creíamos que era mejor que hubiera muchas empresas fabricando y llevando productos al mercado, en lugar de unas pocas. Quienes compran nuestras patentes obtienen acceso ilimitado a ellas. Pueden usarlas como quieran, cuantas veces quieran y por el tiempo que quieran. No usamos nuestras patentes como armas para litigar.
Curiosamente, varias veces se nos ha acusado de ser una compañía litigante, cuando en la mayoría de los casos hemos debido adoptar una posición defensiva, justamente por no usar la patente como arma de litigio sino como un producto al que le ponemos precio para que luego los compradores tengan acceso ilimitado a esos derechos. En total, tenemos 150 licenciatarios.
Nuestro modelo de negocios es único en muchos aspectos, pero sobre todo en la manera de comercializar. A pesar de todo el dinero que destinamos al desarrollo de nuestras patentes, decimos a la gente: “aquí tienen, pueden comprarlas y disponer de ellas. La mayoría de las compañías se guardan sus patentes para beneficiar sus productos. Nosotros usamos nuestra propiedad intelectual (eso que siempre trae connotaciones negativas) como producto.
Muchas de nuestras licencias son perpetuas, no tienen vencimiento. Eso quiere decir que pagan la tarifa una sola vez y luego las regalías que generan los productos. Ahora que Nokia está detrás nuestro (ver recuadro aparte), sólo tenemos dos licencias que expiran.
El único sector en el cual decidimos competir con productos es el de los microchips, porque los hacemos muy bien.
–Entonces ¿Qualcomm no compite con empresas como Nokia o Apple?
–Veo esas empresas como licenciatarias de nuestra tecnología, como clientes para nuestros chips, no como competidoras. Eso demuestra cuán invisibles son algunos negocios. Usted menciona algo que es invisible para el cliente. Vemos aparatos hechos por Nokia, pero no vemos qué tienen adentro. Pero no hay queja, nosotros elegimos eso.
Cuando me hice cargo del marketing global de la firma, decidimos no buscar que la marca fuera más importante que el producto. Nosotros no hacemos teléfonos, por eso ni Nokia ni Apple son competidores nuestros. En microchips, nuestros competidores son otros fabricantes de microchips, como Infinia, por ejemplo.
Para mí la competitividad de Qualcomm está en la forma en que usamos las patentes. Todas las demás empresas usan sus patentes para demandarse entre sí cuando las infringen. Ahora, afortunadamente, hemos llegado a un acuerdo con Nokia.
–Se ha dicho que con la llegada de la plataforma Snapdragon de Qualcomm, Intel tiene razones para alarmarse. ¿Es así?
–El Snapdragon está pensado para todo lo que no sea una laptop o un teléfono. He observado mucho a la gente que lleva su laptop consigo. Generalmente la usan para mirar su correo y buscar información en Internet. Desde el punto de vista de la computación, una laptop es capaz de hacer mucho más que eso, pero la gente usa una pequeña fracción de esas posibilidades.
El objetivo del microchip Snapdragon es, primero y principal, ser una plataforma de computación que brinde el mismo tipo de experiencia que una notebook o laptop pero que mejore la movilidad. La capacidad de procesamiento de una laptop es fantástica, pero en consumo de energía es un problema.
En cambio, un dispositivo equipado con chip Snapdragon tendrá la misma capacidad de computación que una laptop pero una batería que dura cuatro días. Si es cierta mi observación sobre qué hace la gente con una laptop, es probable que acepten con gusto un dispositivo que les dé lo mismo pero que no se descargue con tanta frecuencia.
A nosotros nos interesa, más que la computación, la autonomía de un medio inalámbrico. A Intel, en cambio, le interesa más la capacidad de procesamiento, o de computación. Nuestra ventaja está en la tecnología inalámbrica y nuestro producto será superior en términos de consumo y autonomía energética.
Estamos pensando en dispositivos con teclado completo (qwerty), algo más pequeños que una notebook y un poco más grandes que un teléfono celular, con el tamaño justo para calzar en el bolsillo. Nosotros la llamamos computación de bolsillo.