VIE 30 OCT 2009 | 09:35
Por Danila Terragno
“De ahora en adelante, el Mundo se dividirá en rápidos y lentos.”, sentenció Alvin Toffler hace ya 19 años en su libro El cambio del poder. Pronosticaba de esta forma el reemplazo de las dicotomías que se planteaban hasta entonces –países ricos y pobres, capitalismo y comunismo, Norte y Sur– por esta nueva clasificación, que para los países menos desarrollados podía implicar una profundización de su exclusión mundial (si mantenían sus economías lentas y primarias), o bien una renovada posibilidad para acoplarse a los países más desarrollados en la generación de riqueza y poder (si aceleraban su reacción y acompañaban la demanda global).
“En las economías rápidas,”, explica Toffler, “la tecnología avanzada acelera la producción. Pero esto es lo menos importante. Su ritmo viene determinado por la velocidad de las transacciones, el tiempo necesario para tomar decisiones (en especial con respecto a inversiones), la velocidad a la que se crean las nuevas ideas en los laboratorios, el ritmo al que se aplican en el mercado, la velocidad de los flujos de capital y, sobre todo, la velocidad con la que los datos, la información y el conocimiento fluyen a través del sistema económico. Las economías rápidas generan riqueza –y poder– más de prisa que las lentas”.
El club de los rezagados
Salvo contadas excepciones –como en el sector agroindustrial, que tanto en el plano estatal como privado reaccionó rápido en la adopción de nuevas tecnologías–, la Argentina tiende a ubicarse en el casillero de los rezagados y no en el de los first movers. Incluso con respecto a países vecinos, como ilustra la Dra. Graciela Ciccia, experta en innovación y desarrollo tecnológico y directiva de Fundación Mundo Sano: “Mientras que Brasil ha alcanzado 1% de inversión del PIB en ciencia, tecnología e innovación (CTI), y Chile está en el orden de 0,75%, la Argentina no logra superar la barrera de 0,54%, nivel que se alcanzó en los años 90 cuando se pasó de 0,3% a 0,5%”. El desafío que se ha planteado el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva es llegar a 1% el año que viene.
Si bien mejor posicionados que la Argentina, los países vecinos a su vez también están rezagados con respecto a otros países emergentes. En un informe publicado por el Banco Mundial titulado “Innovación en la Argentina”, la oficina del economista en jefe para América latina y el Caribe muestra cómo los países latinoamericanos están a años luz de alcanzar los niveles de inversión en CTI de Corea, Israel, Finlandia, China e India.
El caso de la República de Corea es tal vez el más sorprendente que, con 6.295 patentes otorgadas en EE.UU. en 2007, ocupa el cuarto lugar solo después de Estados Unidos, Japón y Alemania.
Tomando como medida de éxito de la innovación la cantidad de patentes otorgadas por el registro de patentes de EE.UU., el informe del Banco Mundial concluye que “la Argentina tiene una deficiencia histórica de alrededor de 80%”.
Contrasentido económico
Según el citado informe, “gran parte de la creciente brecha entre países pobres y ricos se debe no a diferencias en las inversiones de capital, sino a los avances en el área tecnológica.” El informe resalta el gran costo de oportunidad en el que se incurre por no innovar, teniendo en cuenta que la rentabilidad económica que arroja la I+D en países con ingresos similares a los de Argentina alcanzan niveles de hasta alrededor de 55%.
Es habitual que se cargue al Estado con la responsabilidad por los atrasos en innovación, pero es interesante notar que en la Argentina la mayor parte de la inversión en CTI está a cargo del sector público, mientras que en países desarrollados o emergentes bien posicionados, la ecuación es exactamente a la inversa: el sector privado invierte 2/3 del total en CTI, mientras que el sector público invierte 1/3.
Por supuesto que influyen las políticas de promoción e incentivo –que son responsabilidad estatal–, en despertar el interés del sector privado. Pero, con vistas a la rentabilidad que podría obtenerse, ¿por qué no hay más iniciativa para la innovación en el sector privado?
Releyendo a Drucker
El rol primordial en la innovación que cumplen tanto los entrepreneurs como los intrapreneurs (en las grandes empresas) fue una de las obsesiones del “padre del management” Peter Drucker. En Tiempos de desafíos – tiempo de reinvenciones, que escribió junto con Isao Nakauchi, Drucker es enfático:
“Sabemos, primero, que enfrentamos dos desafíos paralelos pero separados. Necesitamos nuevos empresarios que puedan iniciar negocios al margen de las compañías establecidas. (...) Necesitamos gente como Honda, como Morita Akio de Sony, y muchos otros: la gente que creó la economía y la sociedad japonesa de hoy, y que lo hizo levantando empresas al margen del sistema existente. También es necesario que incorporemos a las empresas existentes la capacidad de innovar. Si estas no aprenden a ser emprendedoras e innovadoras, enfrentaremos grandes trastornos sociales”.
Para cuando escribió este libro, Drucker ya había llegado a sus conclusiones. Hacía 22 años, cuando publicó Innovation and Entrepreneurship, la curiosidad lo había llevado a buscar las razones detrás de un misterio que plantea al inicio del libro: ¿cómo puede ser que en Estados Unidos entre 1965 y 1985 –con inflación, crisis del petróleo, despidos masivos en el Gobierno y en algunas industrias– se crearan 40 millones de empleos nuevos? La respuesta, por supuesto, estaba en el título.
Prioridades
El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, puso el foco en algunas industrias y en septiembre de 2008 obtuvo $150 millones del Banco Mundial para el Programa para Promover la Innovación Productiva. Dicho programa apoya la expansión de la capacidad argentina de generar innovación productiva en la industria del conocimiento, por medio de la creación de capital humano altamente calificado y de nuevas empresas basadas en el conocimiento; de la mejora de la infraestructura de investigación y del fortalecimiento de la estructura regulatoria general; y del fomento de la colaboración privada-pública en áreas prioritarias de las tecnologías de la comunicación y la información (TIC), la nanotecnología y la biotecnología.
Emprendedores e innovación
En noviembre de 2008, Mercado estuvo presente en la entrega de premios Naves que organiza anualmente el IAE de la Universidad Austral. De los 160 proyectos que se presentaron a la competencia, cuatro resultaron ganadores. El primer y el segundo premio fueron para emprendimientos en las áreas de nanotecnología y biotecnología respectivamente. En la categoría social, se premió un proyecto TIC.
Por supuesto que esto no puede ser resultado del programa de promoción nacional lanzado solo dos meses antes, pero sí demuestra que hay un germen de innovación en esas áreas que no por nada fueron elegidas como prioritarias. Otra institución que premia emprendimientos universitarios con base tecnológica y potencial para la internacionalización es Nexo Emprendedor del Santander Río. En 2007, los cinco premios otorgados estaban vinculados con las áreas prioritarias de tecnología.
Siguiendo el razonamiento de Drucker, se necesitan más emprendedores para lograr resultados extraordinarios en los mercados, a pesar de las crisis y de las ineficiencias estatales. Si además estos emprendedores surgen de las áreas con mayor potencial futuro, más cerca se estará de lograr la velocidad que pregona el otro gran gurú y futurólogo, Toffler.