SAB 21 NOV 2009 | 12:00
Por ejemplo, antiguas rutas para opiáceos orientales –Afganistán, triángulo de oro indochino- se pasan a la cocaína. Un caso típico es Turquía, otrora relevante por sus campos de amapolas y hoy escala en un camino que, partiendo de Colombia, cruza el mar hasta África occidental. Más tarde, las cargas alcanzan Montenegro y otros países balcánicos.
Otra rama atraviesa Ecuador, Perú, Bolivia, Uruguay y Argentina, desde donde se embarca a Europa occidental. Todo este tráfico está en manos de bandas serbias compuestas de ex militares y aliados bosnios, macedonios, etc. Se trata, en el fondo, de grupos que hablan leves variantes de serbocroata y tienen lazos de sangre con varias etnias balcánicas.
Su perfil es típico y deriva de células paramilitares. A su vez, lejanas descendientes de los croatas que colaboraban con el Tercer Reich y sus oponentes serbios, que peleaban para Josip Broz “Tito”. Se estima en 35 a 45 el número de células activas en la red local del narcotráfico. Otras diez actúan en Sudamérica y Europa occidental. Hasta ahora, el secuestro más grande (2.175 kilos de cocaína refinada) se realizó el 16 de octubre, en un yate capturado por la prefectura uruguaya.
A diferencia de otros operadores los serbios tienen efectivos, mentalidad paramilitar y una organización similar a la de cualquier multinacional. Ni siquiera los piratas somalíes llegan a tanto, todavía. En realidad, el mercado de la heroína se atiene a una estructura histórica que mezcla “tong” chinos (tríadas) con talibán afganos. Pero la cocaína es otro tipo de negocio, donde imperan las economías de escala y existen respetables inversores ajenos al narcotráfico.
En Washington preocupan “soldados” que se mueven como fuerzas especiales y, según señala el caso colombiano, les disputan el terreno a sus colegas norteamericanos. Entre las mejores unidades figuran los “tigres de Arkan”, cuya inteligencia es respetada hasta por los israelíes (que no suelen interferir en su negocio).
En Colombia, un territorio balcanizado por insurgentes, los serbios cooperan con las fuerzas armadas revolucionarias (FARC). En México, donde la guerra es abierta y sistémica (ejército, policía, clanes narcos), los balcánicos están presentes vía los Zeta, paramilitares originalmente adiestrados por norteamericanos en tácticas como asesinato o tortura. Hoy están al otro lado.