LUN 23 NOV 2009 | 09:40
“Para que el mundo se recupere de la recesión debe evitar las guerras comerciales, especialmente dada la creciente interdependencia de los intereses económicos de los países”, dice Stephen J. Kobrin, de Wharton. “Es evidente que el proteccionismo exacerbó la Depresión del 30”.
El plan de estímulos que el Presidente de Estados Unidos Barack Obama firmó en febrero contenía una cláusula que no por esperada dejó de preocupar a los defensores del comercio libre mundial. Se trata del requisito que los proyectos financiados por el plan compren bienes hechos en Estados Unidos toda vez que sea posible. Si los Gobiernos gastan enormes cantidades de dinero para estimular sus economías, parecería razonable que inviertan en sus respectivas naciones. Después de todo –sigue el razonamiento– ¿por qué los contribuyentes estadounidenses habrían de pagar por acero canadiense cuando las acerías nacionales están en problemas?
Economistas y políticos de Estados Unidos y Europa temen que esta simple lógica esté incentivando sentimientos proteccionistas en todo el mundo, amenazando principios de libre comercio que son cruciales para cualquier recuperación económica global. Este temor viene a sumarse a las preocupaciones sobre la caída del comercio provocada por la contracción de la demanda y los problemas de crédito que generó la crisis financiera.
Si bien por ahora el proteccionismo es más amenaza que realidad, es una amenaza a tomar muy en serio. Según el profesor de finanzas de la Escuela de Negocios Wharton, “todos se acuerdan de la Gran Depresión y de sus enormes aranceles”.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) está tan preocupada por lo que ve como una ola de impulsos proteccionistas que su director general, Pascal Lamy invocó en su discurso del 3 de febrero la tristemente famosa Ley Smoot-Hawley de 1930, que elevaba los aranceles sobre más de 20.000 productos que importaba Estados Unidos.
La ley provocó una guerra comercial que agravó la Depresión, según muchos economistas. La advertencia de Lamy decía: “Sea con aranceles o con variaciones más actualizadas de la Smoot & Hawley, hoy corremos el riesgo de deslizarnos por la resbaladiza pendiente de las medidas de represalia”.
En Estados Unidos, los diputados en la Casa de Representantes incluyeron fuertes condiciones de “compre americano” en la ley de estímulo a la economía, aunque luego en el Senado se suavizaron bastante. La ley aprobada exige el uso de hierro, acero y bienes manufacturados estadounidenses en proyectos financiados con el plan de estímulo. Pero lo más importante es que la versión final de la ley (a diferencia del proyecto que aprobó la Casa de Representantes) exige que Estados Unidos siga cumpliendo con sus acuerdos de comercio internacional. Eso calmó a muchos grupos defensores del libre comercio.
El tema, sin embargo, no está terminado. Estados Unidos tiene acuerdos comerciales con Canadá, México y países europeos, pero China, India y otros países en vías en desarrollo podrían verse perjudicados y adoptar represalias.
¿Qué es libre comercio?
Los principios del libre comercio son sencillos: cada país hace lo que mejor sabe hacer, alentando la competencia y manteniendo precios lo más bajos posible para todos. El país con mucho mineral de hierro y poca tierra cultivable hace acero, mientras que el que tiene poco mineral y mucha tierra cultiva trigo. Juntos, producen más hierro y trigo del que producirían si ambos intentaran producir las dos cosas, y lo hacen con más eficiencia.
Pero este principio clarito de libro de texto se viene abajo en el mundo real. El mercantilismo, que exhortaba a una nación a exportar más de lo que importaba, fue la política económica dominante entre los países europeos del siglo 16 al 18. En general, desde entonces la tendencia histórica se inclinó más hacia el comercio libre y los mercados actualmente están más abiertos que en cualquier otro momento de la historia moderna.