LUN 23 NOV 2009 | 12:30
Pero el gobierno y la dirigencia política le reprochan al emisor no mostrarse lo bastante proactivo en cuanto a neutralizar un fenómeno que inquieta a la opinión pública. “El banco central debiera apoyarnos, desde el terreno monetario, a superar esta deflación”, sostuvo Naoto Kan, viceprimer ministro. Similar actitud adoptó Hirohisa Fujii, titular de hacienda.
La junta de política monetaria del emisor decidió mantener en 0,1% anual la tasa básica. En realidad, la entidad se contradijo entre el viernes (diagnóstico deflacionario) y el domingo, al sostener el tipo referencial arguyendo “posibilidades de rebote inflacionario”.
A criterio del banco central, el alza de productos primarios apunta en ese sentido. Pero las expectativas de los operadores financieros son bajas para el mediano y largo plazo. Por otra parte, el propio banco –en informes anteriores- no hacía alusión a riesgos inflacionarios.
Sea como fuere, el emisor “seguirá moviéndose en un contexto monetario flexible”. Pero no piensa tocar las tasas. En cuanto a los números reales, los precios minoristas han cedido 2,2% en el lapso octubre 2008-septiembre último. Como al banco central le gustan las ficciones estadigráficas de la Reserva Federal, tiene un indicador “pelado”, sin alimentos frescos ni combustibles, y aquel guarismo cede a 1%.
La divergencia clave entre el gabinete y el banco de Japón reside en un punto: ¿una política monetaria más flexible generará o no inflación, con fábricas ociosas y demanda de crédito floja? Lo cierto es que el producto bruto interno crecía a 4,8% de tasa anual en el trimestre julio a septiembre, penúltimo del año fiscal nipón.