LUN 19 OCT 2009 | 12:00
Por Patricio Cavalli
Oponerse, cual Daniel bíblico, a Dios Nuestro Señor tiene sus riesgos y es que cuando Dios El Altísimo la mete, o sea, mete la selección en el mundial, luego aquellos que se opusieron a su visión divina deben soportar su ira.
Pero Dios Todopoderoso Señor del Cielo y de la Tierra ha caído un poco en su iluminada trayectoria y ha perdido un poco el don del vocabulario.
Habiendo Dios Santísimo y Alabado inventado miles de lenguas, idiomas y dialectos, digamos que ha ido perdiendo un poco el don de la palabra y ahora, en vez de cosas como “Si tu brazo izquierdo es para ti motivo de pecado, córtalo y arrójalo para que arda en la gehena (caldero)”, dice cosas como “A los que me trataron como basura, que la chupen”.
Ahora, ¿chupar qué, exactamente, Oh Altísimo Señor Misericordioso? Todos nos acordamos de cuando Dios decía “Morderás el polvo”, algo ciertamente mucho más elegante que decir “Chúpenme las petunias”. Y cuando Dios abría de par en par los mares o le sacaba agua a las piedras.
Esas sí eran ocasiones dignas de decir algo potente. Pero hacerse el Big Bang sólo por no haber quedado fuera del mundial es mucho más de diablillo de segunda caña o de querubín malcriado que de un verdadero dios.
Hacer llover sapos y culebras venenosas sobre un Faraón daba para ponerse cabrero, pero enfrentar a un grupo de pobres cronistas a sueldo de un media outlet es medio triste.
Pasando ya a cuestiones más seculares, a primera vista lo que uno pensaba que Maradona le hablaba a alguna de las elegantes damiselas que posaban vestidas de rojo detrás de él en la conferencia de prensa. Que las vió las vió porque a una le dio un flor de beso y no se privó de decir “Con perdón de las damas…”.
“El Infinito Amo de los Cielos y los Avernos ha bebido de más y se bañó con agua muy caliente, ergo, pasa por una epifanía celestial y no distingue donde está. Las pastillas lo dejaron cachondo y quiere desahogarse”, dijo alguien por ahí.
(Nota psicológica al pie: el problema es que Santa Maradona sufre un acceso de esquizofrenia y no distingue ficción de realidad; ha perdido además el bloqueo entre inconsciente y consciente y habla con total desenfado y desenfreno, sin filtro).
Y metiéndonos ya en el mundo de lo puramente terrenal y banal, lo primero que pensé yo fue una semi-obviedad, pero que algún día las marcas deberán incorporar a su debate cuando apoyan el deporte: ¿Qué hacen ahí esas marcas tan prestigiosas, detrás de este señor tan ordinario, tan futbolero (el fútbol es así o peor) y tan tristemente sincero?
Entiendo que algunas marcas se banquen el daño que les hacen cada tanto estos homúnculos. La foto de los hermanos Schenkler tirados en la General Paz rodeados de policías, y enfundados en sus buzos rojos y negros Adidas; y la foto del Rafa DiZeo con su buzo Nike en primer plano no le hacen bien a las marcas, no les aporta y les resta, pero dado que son marcas deportivas vaya y pase. El hecho de estar metidos en ese deporte –que de deportivo tiene cada vez menos- todavía les debe rendir.
Pero me pregunto por ejemplo qué hace –tomemos a la número uno como ejemplo- una marca como Coca Cola, poniendo a prueba su prestigio, su perfil familiar, sus años de elegancia puliendo mensajes y su tono de optimismo apoyando detrás de un ordinario que no distingue conferencia de prensa, de vestuario, de catrera, de vía de tren, de letrina.