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INFORME |

Cambios casi desapercibidos
Más servicios que productos atraviesan hoy las fronteras

Una investigación comprueba que está creciendo más el comercio en servicios que el comercio en productos, y se interpreta que los primeros tienen ahora un papel mucho mayor en la cohesión de la economía global. Fue realizada por un equipo del McKinsey Global Institute que analizó 23 cadenas de valor en 43 países que representan 96% del comercio global entre 1995 y 2017.

lun 18 de febrero de 2019
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2019 Febrero

Tensiones geolpolíticas /económica en 2019
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Mientras las noticias mundiales se ocupan de los aranceles y las tensiones comerciales entre las potencias, varios cambios estructurales importantes han pasado prácticamente desapercibidos. En un documento que titula Globalization in transition: The future of trade and value chains, un equipo de expertos del McKinsey Global Institute, analiza la dinámica de las cadenas globales de valor y descubre cambios estructurales que no se advierten a simple vista. El equipo está integrado por Mac Muir, Susan Lund, James Manyika, Jonathan Woetzel, Jacques Bughin, Mekala Krishnan y Jeongmin Seong.
La primera afirmación que hacen allí es que si bien la producción y el comercio siguen aumentando en términos absolutos, la intensidad del intercambio está declinando en casi todas las cadenas de valor en producción de bienes. Los flujos de servicios y de datos tienen ahora un papel mucho mayor en la cohesión de la economía global. No solo está creciendo más el comercio en servicios que el comercio en productos, sino que los servicios están creando un valor muy superior al que miden las cuentas nacionales.
Usando mediciones alternativas, el equipo de McKinsey descubre que los servicios ya constituyen más valor que los productos en el comercio global. Además, todas las cadenas globales de valor están siendo cada vez más de "conocimiento-intensivas". El trabajo de baja calificación pierde importancia como factor de producción. Contrariamente a la percepción popular, solo 18% del comercio global de productos se genera por mediación del costo laboral.
Tres factores explican esos cambios: el crecimiento de la demanda en China y el resto del mundo en desarrollo, que permite a esos países consumir más de lo que producen; el crecimiento de las cadenas de suministro en esos países, que ha reducido la dependencia de importaciones de bienes intermedios; y el impacto de las nuevas tecnologías.
La globalización se encuentra en el centro de una transformación. La combinación de países, empresas y trabajadores en mejores condiciones para aprovechar la próxima era está cambiando. Entender cómo está cambiando el paisaje ayudará a políticos y empresarios a prepararse para el próximo capítulo de la globalización y las oportunidades y desafíos que presentará.

Cinco cambios estructurales
Las décadas de 1990 y 2000 asistieron a la expansión de complejas cadenas de valor que abarcaron el mundo entero. Pero como las redes de producción están en permanente evolución, los investigadores descubren ahora cinco grandes cambios en las cadenas globales de valor ocurridos durante la última década.

1. Las cadenas de valor en producción de bienes se comercializan cada vez menos.
El comercio creció rápidamente en casi todas las cadenas globales de valor desde 1995 hasta 2007. De ahí en adelante, la intensidad comercial (es decir, la relación entre exportación bruta y producción bruta) cayó en casi todas las cadenas de valor de productos. El comercio sigue creciendo en términos absolutos, pero la cantidad de producción que atraviesa fronteras cayó de 28,1% en 2007 a 22,5% en 2017.También se redujo el crecimiento del volumen comerciado. Entre 1990 y 2017 los volúmenes comerciales globales crecieron, en promedio, 2,1 veces más rápido que el PBI real desde 2011.
La declinación en intensidad comercial es especialmente pronunciada en las cadenas de valor más complejas y de mayor comercialización. Sin embargo, esta tendencia no señala que la globalización haya terminado. Más bien, refleja el desarrollo de China y otras economías emergentes, que ahora están consumiendo más de lo que producen.

2. Los servicios cumplen un papel creciente y no lo suficientemente valorado en las cadenas globales de valor.
En 2017, el comercio bruto en servicios totalizó US$ 5,1 billones (millones de millones), una cifra insignificante frente a los US$ 17,3 billones en comercio global de productos. Pero el comercio en servicios ha crecido más de 60% más rápido que el de bienes en la última década. Algunos subsectores, como por ejemplo telecomunicaciones, TI, servicios comerciales y licencias de propiedad intelectual, están creciendo dos o tres veces más rápido.
Sin embargo, el papel completo que juegan los servicios aparece oscurecido en las estadísticas tradicionales del comercio. Primero, crean aproximadamente un tercio del valor asignado a los bienes manufacturados. Investigación y desarrollo, ingeniería, finanzas y recursos humanos, todo eso permite que los productos vayan al mercado.
Además, descubrieron que hay servicios importados sustituyendo a los nacionales en casi todas las cadenas de valor. En el futuro, la distinción entre bienes y servicios seguirá desdibujándose a la par que los fabricantes vayan introduciendo nuevos tipo de contratos de leasing, suscripciones y otros modelos de negocios "como servicio".
Segundo, los activos intangibles que las compañías multinacionales envían a sus filiales alrededor del mundo –que incluyen software, branding, diseño, procesos operativos y demás propiedad intelectual desarrollada en la central– representan enorme valor, pero por lo general ni tienen precio ni se les sigue la pista a menos que se los acepte como cargos de propiedad intelectual.  Por ejemplo, se requieren años de investigación y desarrollo para desarrollar teléfonos o productos farmacéuticos, mientras el diseño y el branding permiten a compañías como Nike y Adidas cobrar un adicional por sus productos.
Finalmente, las estadísticas comerciales no registran el aumento de los servicios digitales gratuitos que atraviesan fronteras, esos que incluyen email, mapeo en tiempo real, video conferencias y redes sociales. Wikipedia, por ejemplo, abarca 40 millones de artículos gratuitos en aproximadamente 300 idiomas. Todos los días, usuarios de todo el mundo miran, gratuitamente, más de 1.000 millones de horas de video en You Tube, y miles de millones de personas usan Facebook y WeChat todos los meses. Esos servicios crean, sin ninguna duda, valor para los usuarios, aunque no tengan un precio monetario.
Los investigadores estiman que esos tres canales, juntos, producen anualmente hasta US$ 8,3 billones en valor, una cifra que aumentará los flujos totales del comercio en US$ 4 billones (o sea 20%) y reasignarían otros US$ 4,3 billones que actualmente cuentan como parte del flujo de bienes y servicios.
(Nota de la redacción: Vale la pena aclarar que cuando se lee billón en castellano se está hablando de millón de millones. Contrariamente "billion", en inglés, equivale a mil millones en castellano).
Si se lo mira de esta manera, el comercio en servicios ya es más valioso que el comercio en productos. Esta perspectiva cambiaría sustancialmente el equilibrio comercial para algunos países, especialmente Estados Unidos. Este ejercicio, dicen, no se propone reclamar que se redefinan las estadísticas comerciales nacionales. Simplemente subraya el papel menospreciado de los servicios, que van a ser cada vez más importantes para que las compañías y los países participen en las cadenas globales de valor y el comercio en el futuro.

3. El comercio basado en la inversión por costo de mano de obra, está declinando en algunas cadenas de valor.
A medida que se expandían las cadenas globales de valor en los años 90 y 2000, muchas decisiones sobre dónde ubicar la producción se basaban en los costos de la mano de obra, especialmente en industrias que producían bienes y servicios de trabajo intensivo. Sin embargo, contrariamente a la percepción popular, hoy solo 18% del comercio de bienes está basado en inversiones hechas según el costo de la mano de obra (definido como exportaciones de países cuyo PBI per capita es un quinto o menos del del país importador).
O sea que, más de 80% de actual comercio global de productos no va de un país con salarios bajos a un país con salarios altos. Hay que tomar en consideración otros elementos distintos del factor salario en las decisiones de una compañía sobre dónde basar su producción, como el acceso a mano de obra calificada o a recursos naturales, o la proximidad con los consumidores y la calidad de la infraestructura.
Además, la cantidad de intercambios basados en el costo laboral viene declinando en algunas cadenas de valor, especialmente en la manufactura de productos de trabajo intensivo (donde cayó de 55% en 2005 a 43% en 2017). Esto refleja principalmente aumento de salarios en los países en desarrollo. Pero en el futuro, la automatización e IA pueden incrementar esta tendencia transformando la manufactura de trabajo intensivo en manufactura de capital intensivo. Este cambio tendrá importantes implicancias sobre la forma en que los países de bajos ingresos participan en las cadenas globales de suministro.

4. Las cadenas globales de valor son, cada vez más, de conocimiento intensivas
En todas las cadenas de valor, el gasto capitalizado en I&D y en activos intangibles como marcas, software y propiedad intelectual (PI) está creciendo como participación del ingreso. En general, creció de 5,4% del ingreso en 2000 a 13,1% en 2016. Esta tendencia es más evidente en las cadenas de valor de innovaciones globales. Las compañías de equipamiento y maquinaria gastan 36% del ingreso en I&D e intangibles, mientras que las que están en sector farmacéutico y de dispositivos médicos promedian 80%.
El creciente énfasis en conocimiento e intangibles, favorece a los países que tienen fuerzas laborales altamente calificadas, fuerte capacidad de innovación e I&D y sólidas protecciones a la propiedad intelectual.
En muchas cadenas de valor, la creación de valor está cambiando hacia actividades como investigación y desarrollo y diseño, por un lado, y por el otro a distribución, marketing y servicios de post-venta. La proporción del valor generado por la producción real de bienes está declinando, en parte porque el traslado hacia otros países bajó el precio de muchos productos. Esta tendencia es pronunciada en fármacos y productos electrónicos de consumo masivo que vieron el aumento de compañías de "manufactura virtual" que se dedican a desarrollar bienes y tercerizar la producción real a fabricantes contratistas.

5. Las cadenas de valor se vuelven cada vez más regionales y menos globales.
Hasta hace muy poco, el comercio inter–oceánico de larga distancia iba aumentando en predominancia porque los costos del transporte y las comunicaciones caían y porque las cadenas globales de valor se expandían hacia China y otros países en desarrollo. La proporción de comercio de productos entre países dentro de la misma región (frente al comercio entre compradores y vendedores distantes) declinó de 51% en 2000 a 45% en 2012.
Esa tendencia ha comenzado a revertirse en los últimos años. La participación intrarregional en el comercio global de bienes aumentó 2,7% desde 2013, parcialmente reflejando el aumento del consumo en los mercados emergentes. Este desarrollo es más notable en Asia y los 28 países de la Unión Europea. La regionalización es más evidente en las cadenas de valor de innovaciones globales, dada su necesidad de integrar íntimamente a muchos proveedores para el secuenciamiento just-in-time. Esta tendencia podría acelerarse en otras cadenas de valor también, porque la automatización reduce la importancia del costo laboral y aumenta la de la velocidad en llegar al mercado en las decisiones de una compañía sobre cónde producir sus bienes.

Cambio en la geografía de la demanda global
El mapa de la demanda global, alguna vez fuertemente orientado hacia las economías avanzadas, se está modificando y las cadenas de valor se reconfiguran a medida que las compañías deciden cómo competir en los muchos mercados consumidores que se esparcen por el mundo. McKinsey estima que los mercados emergentes consumirán casi dos tercios de los bienes manufacturados en el mundo para 2025, con productos como autos, materiales de construcción y maquinaria a la cabeza. Para 2030 estima que los países en desarrollo representarán más de la mitad del consumo global. Esas naciones siguen profundizando su participación en los flujos globales de bienes, servicios, finanzas, personas y datos.
La mayor ola de crecimiento ha venido ocurriendo en China. Anteriores investigaciones de McKinsey destacaban que la población china en edad de trabajar era uno de los segmentos clave del consumo global: para 2030, las proyecciones dicen que representarán 12 centavos de cada US$1 del consumo urbano mundial. China ahora representa aproximadamente un tercio del mercado global para bienes de lujo. En 2016, se vendió en China 40% más de autos que en toda Europa, y China representa también 40% del consumo global de textiles y artículos de vestir.
A medida que crece el consumo, más de lo que se hace en China se vende en China. Esta tendencia está contribuyendo a la declinación en la intensidad del comercio. Dentro de las cadenas de valor estudiadas en la investigación, China exportó 17% de lo que producía en 2007. Para 2017, la proporción de exportaciones había caído a 9%. Esto es equivalente a la participación en Estados Unidos pero es muy inferior a las de Alemania (34 %), Surcorea (28%) y Japón (14%). Este cambio ha sido oscurecido en gran medida por la producción del país, sus importaciones y exportaciones; todo eso ha ido creciendo excepcionalmente en términos absolutos. Pero en general, China se está gradualmente reequilibrando hacia un consumo más doméstico.
La clase media en ascenso en otros países en desarrollo también está acrecentando un nuevo poder adquisitivo. Para 2030 se proyecta que el mundo en desarrollo fuera de China representará 35% del consumo global, con países que incluyen India, Indonesia, Tailandia, Malasia y Filipinas a la cabeza. In 2002, India, por ejemplo, exportaba 35% de su producción final en ropa, pero para 2017, esa participación había caído a la mitad, a 17% porque los consumidores indios aumentaron sus compras.
La creciente demanda en los países en desarrollo también ofrece una oportunidad para los exportadores en países avanzados. Solo 3% de las exportaciones de las economías avanzadas iban a China en 1995, pero eso creció a más de 12% para 2017. La proporción correspondiente hacia otros países en desarrollo creció de 20 a 29%. En total, las exportaciones de las economías avanzadas a los países en desarrollo crecieron de US$ 1 billón en 1995 a US$ 4,2 billones en 2017. En la industria automotriz, Japón, Alemania y Estados Unidos envían 42% de sus exportaciones a China y el resto del mundo en desarrollo.
En servicios de conocimiento intensivo, 45% de todas las exportaciones de las economías avanzadas van al mundo en desarrollo. La región del Asia-Pacífico ya es una prioridad estratégica top para muchas marcas occidentales.

Cadenas de suministro domésticas
El rápido crecimiento de China la ha convertido en una parte importante de casi todas las cadenas globales de valor para la producción de bienes. En general, ahora representa 20% de la producción global bruta comparado con el 4% que representaba en 1995. En textiles y vestido, maquinaria eléctrica, vidrio, cemento y cerámica, ahora produce casi la mitad de la producción mundial.
Pero a medida que su economía maduraba, China ha ido mucho más allá de ensamblar insumos importados para realizar el producto final. Ahora produce muchos bienes intermedios y conduce más I&D en sus propias cadenas de suministro domésticas. Este es el segundo factor que achata la intensidad del comercio global en bienes.
En computadoras y electrónica, por ejemplo, las compañías chinas están desarrollando el tipo de chips para smarphones que antes importaban de las economías avanzadas. Crear industrias domésticas integradas verticalmente le permite capturar más valor agregado, y simultáneamente llevar empleo y desarrollo económico a sus provincias más pobres en el interior.
Otros países en desarrollo están comenzando a mostrar los mismos cambios estructurales que se ven en China, aunque están en etapas más tempranas. En textiles y vestido, por ejemplo, las redes de producción se están consolidando dentro de países como Vietnam, Bangladesh, Malasia, India, e Indonesia.
Como grupo, los países emergentes de Asia ya no dependen tanto como el resto del mundo en desarrollo de insumos intermedios importados para la producción de bienes (8,3% versus 15,1% en 2017).
Por el contrario, en la Europa en desarrollo, donde el crecimiento económico ha sido más lento, las compañías han seguido integrando las cadenas de suministro de compañías en Europa Occidental. La declinación en la intensidad del comercial refleja mayor madurez industrial en economías emergentes. Con el tiempo, sus capacidades de producción y consumo van convergiendo con las de las economías avanzadas. La declinación en la intensidad del comercio en bienes no significa que la globalización haya terminado; más bien, los flujos de tecnologías digitales y de datos se están convirtiendo en el tejido conjuntivo de la economía global.

Las nuevas tecnologías
El crecimiento explosivo de los flujos internacionales de datos se mantiene vigoroso hasta la fecha. Desde 2005 hasta 2017, la cantidad de banda ancha que atravesó fronteras creció 148 veces. Un torrente de comunicaciones y contenido viaja por esas autopistas digitales, y parte de ese tráfico refleja compañías interactuando con operaciones, proveedores y clientes en el extranjero.
La comunicación digital instantánea y barata ha tenido un efecto claro: bajar el costo de las transacciones y permitir más flujos comerciales. Pero el impacto de las tecnologías de próxima generación sobre los flujos globales de bienes y servicios no será tan simple. El impacto neto es incierto, pero en algunos escenarios plausibles, la próxima ola de tecnología podría aplastar el intercambio global de bienes mientras sigue alimentando los flujos de servicios.
Las plataformas digitales, las tecnologías logísticas y los avances en procesamiento de datos continuarán reduciendo los costos de las transacciones internacionales y permitiendo todo tipo de flujos
En las cadenas de valor de producción de bienes, los costos logísticos pueden ser importantes. Las empresas a menudo pierden tiempo y dinero en los procesos aduaneros o demoras en los pagos internacionales. Tres conjuntos de tecnologías continuarán reduciendo esas fricciones en los años venideros.
Las plataformas digitales pueden reunir participantes ubicados en lugares distantes y hacer la búsqueda y la coordinación internacional más eficiente. Los mercados de e-commerce ya han permitido importantes flujos a través de las fronteras e hicieron más transparentes las comparaciones de precios. Los proyectos AliResearch de Alibaba que realizan ventas internacionales de e-commerce B2C llegarán a casi US$ 1 billón para 2020. El e-commerce B2B podría ser cinco o seis veces más grande. Si bien muchas de esas transacciones pueden sustituir los flujos tradicionales de comercio, el e-commerce podría generar de US$ 1,3 billones a US$ 2,1 billones en comercio incremental para 2030, inflando el comercio de productos manufacturados entre 6 y 10%.
No obstante, el rápido y permanente crecimiento en el comercio de paquetes pequeños podría presentar un desafío para el procesamiento aduanero.
Las tecnologías logísticas también siguen mejorando. La IoT puede hacer los servicios de entrega más eficientes al rastrear los envíos en tiempo real, y IA puede rutear los camiones sobre la base de las condiciones actuales de los caminos.
El procesamiento automatizado de documentos puede acelerar los productos a través de las aduanas. En los puertos, los vehículos autónomos pueden descargar, apilar y recargar los contenedores más rápido y con menos errores. Las soluciones de embarque blockchain pueden reducir los tiempos de tránsito y acelerar los pagos. Los investigadores calculan que las nuevas tecnologías de logística podrían reducir el procedimiento de embarque y aduanero entre 16 y 28%. Al despejar algunas de las fricciones que demoran el movimiento de los productos en este momento, esas tecnologías juntas podrían aumentar el comercio general entre 6 y 11% para 2030.

Automatización y manufactura aditiva
Ya se ha descubierto que la mitad de las tareas por las que se les paga a los trabajadores podrían ser automatizadas. Esto sugiere un cambio profundo en la importancia del capital frente al trabajo en todas las industrias. La creciente adopción de automatización y robótica avanzada en la manufactura hace que la proximidad a los mercados consumidores, o el acceso a los recursos, o las habilidades de la fuerza laboral o la calidad de la infraestructura aumentan su importancia para las decisiones de las compañías sobre dónde producir sus bienes.
Los procesos de servicios también pueden ser automatizados por inteligencia artificial y agentes virtuales. La incorporación de machine learning a esos asistentes virtuales significa que pueden realizar cada vez más tareas. Las compañías en las economías avanzadas ya están automatizando algunos servicios de soporte al cliente. Eso podría reducir el mercado global de tercerización de procesos de negocios (que tiene actualmente un valor de US$ 160.000 millones), y que se ha convertido en uno de los sectores de servicios más comercializado.
La manufactura aditiva (impresión en 3-D) también podría influir en los futuros flujos comerciales. La mayoría de los expertos creen que no va a reemplazar a la producción en masa en los próximos diez años; su costo, velocidad y calidad todavía son limitaciones. Pero está ganando tracción para prototipos, repuestos, juguetes, zapatos y dispositivos médicos. Si bien la impresión en 3-D podría reducir el comercio en algunos productos específicos, es poco probable que la caída sea de más de algunos puntos porcentuales en el comercio total de bienes manufacturados para 2030.
En general, los investigadores de este estudio creen que la automatización, inteligencia artificial y manufactura aditiva podrían reducir el comercio global de bienes hasta 10% para 2030, comparado con la base. Sin embargo, esto refleja solo el impacto directo de esas tecnologías en cuanto a permitir una producción más cercana a los consumidores finales en las economías avanzadas. También es posible que esas tecnologías pudieran llevar a la regionalización del comercio. Además, los países en desarrollo podrían adoptar esas tecnologías para mejorar productividad y retener producción, sosteniendo el comercio de esa forma.

Impacto en los flujos comerciales
La tecnología puede transformar algunos productos y servicios, alterando de paso el contenido y el volumen de los flujos del comercio. Por ejemplo, la práctica automotriz de McKinsey estima que los vehículos eléctricos conformarán 17% de las ventas totales de automotores para 2030, 1% más que en 2017. Eso podría reducir el comercio de repuestos en hasta 10% (porque los vehículos eléctricos tienen muchas menos partes móviles que los modelos tradicionales) mientras también reducen las importaciones de petróleo.
El pase de flujos físicos a flujos digitales que comenzó años atrás con las películas individuales, los álbumes y los juegos ahora está evolucionando otra vez con el streaming y los modelos de suscripción. El streaming ya representa casi 40% de los ingresos globales por música grabada. La computación en la nube usa un modelo de suscripción parecido para almacenaje y software, liberando a los usuarios de la necesidad de hacer fuertes inversiones de capital para tener su propia infraestructura de IT.
El advenimiento de las redes inalámbricas ultra-rápidas 5G abre nuevas posibilidades para los servicios de entrega. En las plantas industriales, 5G puede apoyar el mantenimiento basado en realidad aumentada y virtual desde lugares remotos, creando nuevos flujos de datos y servicios.

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