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ANÁLISIS | Escenario global

El fin de un paradigma y de una ilusión
¿Se puede mantener el crecimiento a largo plazo?

En el último medio siglo la economía mundial se multiplicó seis veces. El ingreso per cápita promedio casi se triplicó y cientos de millones de personas salieron de la pobreza. Pero, a menos que se pueda mejorar mucho la productividad, el próximo medio siglo será muy diferente. La economía mundial retornará a su tasa  de crecimiento relativamente lenta para el largo plazo.

mié 22 de abril de 2015
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2015 Abril Nº1166

El opaco mercado del arte
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Tal el vaticinio de James Manyika, Jonathan Woetzel, Richard Dobbs, Jaana Remes, Eric Labaye, Andrew Jordan en una investigación realizada para el McKinsey Global Institute (MGI) que lleva por título Global Growth, can productivity save the day in an aging world?
La rápida expansión de las últimas cinco décadas será considerada, para los investigadores futuros, una aberración de la historia y la economía mundial retornará a su tasa de crecimiento lenta para el largo plazo.
El problema es que con menor crecimiento de la población y mayor expectativa de vida se limita el crecimiento en la población en edad de trabajar. Durante el último siglo hubo dos grandes motores para la expansión del PBI: el crecimiento poblacional (que aumentaba el número de trabajadores) y el aumento de la productividad. El empleo y la productividad crecieron a tasas de 1,7 y 1,8% respectivamente entre 1964 y 2014, empujando hacia arriba 2,4 veces la producción del empleado promedio. Sin embargo, este viento de cola demográfico se está debilitando y hasta convirtiendo en viento de frente en muchos países.
El resultado es que el empleo crecerá apenas 0,3% al año durante los próximos 50 años según un pronóstico del MGI. Aun si el crecimiento de la productividad igualara el ritmo que tuvo durante el último medio siglo, la tasa de aumento en el crecimiento del PBI global igualmente caerá 40%, a 2,1% al año. La nueva normalidad será entonces un crecimiento económico más lento del que hubo en los últimos cinco años de recuperación de la Gran Recesión de 2008, y durante la crisis energética entre 1974 y 1984.

 
El problema del empleo

El crecimiento global del empleo viene de­sa­celerándose desde hace más de 20 años. Declina en Alemania, Italia, Japón, y Rusia; en China y Corea del sur probablemente comiencen a caer recién a comienzos de 2024. Si bien hay mucho margen para políticas que aumenten la participación de mujeres, jóvenes y personas mayores de 65 años en el mercado laboral, eso no va a e ser fácil. El crecimiento del empleo podría duplicarse en los países estudiados (el G19 más Nigeria). En cualquier caso, aun duplicando el crecimiento del empleo no se va a poder contrarrestar totalmente la erosión de la reserva de trabajadores.
De modo que será el crecimiento de la productividad lo que deberá conducir la expansión del PBI en el largo plazo. Tendría que ser un crecimiento de 3,3% al año, 80% más rápido que su tasa promedio durante el último medio siglo para compensar el menor crecimiento del empleo. ¿Será posible?

 
La solución de la productividad

El mundo no se está quedando sin potencial tecnológico para crecer. Pero lograr el aumento en productividad requerido para revitalizar la economía global obligará a los dueños de empresas, gerentes y trabajadores a innovar adoptando nuevos métodos que mejoren la forma de operar.
El estudio reveló que casi tres cuartas partes del potencial de crecimiento en la productividad provienen de una mayor adopción de las mejores prácticas existentes, o de mejoras para ponerse al día. La cuarta parte restante proviene de innovaciones tecnológicas, operacionales o comerciales que van más allá de las mejores prácticas actuales y empujan la frontera del potencial del PBI mundial. Particularmente importantes serán los esfuerzos por mejorar la escasa productividad de los grandes sectores estatales y de salud en todo el mundo.
Algunas oportunidades solo requieren la continuidad de los programas de investigación industrial existentes, como la investigación agrícola para adaptar y mejorar semillas y las prácticas agronómicas para aumentar los rendimientos de los cultivos en nuevas geografías y las iniciativas en la industria automotriz para que los autos usen combustibles más eficientes. Otras dependen de innovaciones tecnológicas que podrían transformar muchas industrias. Por ejemplo, los robots inteligentes ya están aumentando la eficiencia en los depósitos de minoristas; la tecnología móvil se está usando cada vez más para brindar servicios de salud en regiones remotas, y los fabricantes de automóviles están instalando una amplia variedad de funciones digitales en los autos. Materiales avanzados como los nanolaminados –lípidos comestibles o compuestos polisacáridos– se pueden rociar sobre los alimentos para protegerlos del aire o la humedad y reducir el desperdicio, mientras los compuestos de fibra de carbono pueden volver autos y aviones más resistentes y más livianos.
Internet de las Cosas puede reducir el tiempo que requieren los procesos de producción al permitir detectar tempranamente posibles fallos, aumentar los rindes de las cosechas midiendo la humedad de los suelos y reducir el costo de monitorear la salud.
Esas innovaciones están ocurriendo tanto en países desarrollados como emergentes. Por ejemplo, El Centro de Ojos Aravind en India, que se ha convertido en la unidad de cuidado de los ojos más grande del mundo, realiza operaciones de cataratas a un costo seis veces menor y con menos infecciones que el Servicio Nacional de Salud en Gran Bretaña.
Los efectos de la digitalización, que incluyen big data y combinaciones de tecnologías podrían generar resultados sorprendentes. Pensemos en el impacto de una combinación de big data con biología sintética. El costo de la secuenciación genética cae a toda velocidad y genera una cantidad increíble de datos genéticos. Los científicos y las empresas están usando esos datos para desarrollar nuevas técnicas para escribir ADN e insertarlo en células y hasta están diseñando ADN desde cero para producir rasgos deseados, una práctica conocida como biología sintética.
El hecho de que existan muchas oportunidades para mejorar la productividad no garantiza que se hagan realidad. MGI identificó hace más de 10 años algunos de los huecos de productividad que todavía hoy persisten.
Los investigadores determinaron diez facilitadores clave que serían necesarios para aumentar el crecimiento de la productividad y así poder aumentar el crecimiento de largo plazo de la economía mundial. Esos facilitadores se agrupan en cuatro categorías. El primer grupo de tres refleja lo que hay que hacer para eliminar las barreras que existen para actualizarse: eliminar los obstáculos a la competencia en los sectores de servicios, concentrarse en eficiencia y desempeño en sectores públicos y regulados e invertir en infraestructura física y digital, especialmente en mercados emergentes.

 
Empujar las fronteras

Los cuatros siguientes reflejan el impacto de la tecnología: crear un contexto regulatorio que incentive la productividad y fomente la innovación; la demanda de inversión en I+D en productos y servicios innovadores; explotar los datos nuevos y los existentes para identificar oportunidades de mejora transformacional, y aprovechar el poder de los nuevos actores en el campo de la productividad mediante plataformas digitales y datos abiertos.
El tercer grupo de facilitadores surgen del análisis demográfico del estudio y del análisis de los mercados laborales: definir regulación y apoyo social para aumentar la participación en el mercado laboral de mujeres, jóvenes y  gente mayor: mejorar la educación y hacer coincidir las habilidades que adquiere la gente con las necesidades de los empleadores y flexibilizar los mercados laborales. Abrir las economías a los flujos económicos internacionales, desde el comercio de bienes y servicios hasta los flujos de personas. Estar abiertas a la actividad económica global permite a las empresas y economías beneficiarse de la competencia, del flujo de ideas y de las mejores prácticas y conexiones personales.
Las empresas deben jugar un rol fundamental: deben aumentar agresivamente el capital y la tecnología, asumir riesgos para invertir en investigación y desarrollo y utilizar tecnologías o procesos todavía no comprobados; y mitigar la erosión en la reserva de trabajo brindando un entorno laboral más flexible para mujeres y gente mayor, además de capacitación y asesoramiento para jóvenes. En un entorno de menor crecimiento económico los ejecutivos deben anticipar dónde estarán las oportunidades de mercado y cuáles serán los competidores que encontrarán en esos mercados. Sobre todo las empresas deben ser competitivas en un mundo donde la productividad va a ser cada vez más el árbitro del éxito y el fracaso.
El último medio siglo fue un tiempo de extraordinaria expansión económica, pero si no se aumenta mucho el único motor que la economía mundial todavía tiene –la productividad– este período puede terminar siendo una anomalía histórica. Solo un cambio grande en el sector público y privado podrá superar las fuerzas que ahora amenazan la prosperidad económica global.

Aumentar la productividad

Durante los últimos 50 años, la economía mundial se benefició con un auge demográfico que aportó 1,8% al promedio de aumentos en el PBI global y contribuyó a generar un increíble nivel de crecimiento. Pero ese viento de cola se está terminando.
Con poblaciones viejas y menores tasas de fertilidad en todo el mundo el crecimiento que se vio en los últimos 50 años pueden terminar siendo la excepción y no la regla.
La última investigación de McKinsey Global Institute (MGI) sugiere que a menos que haya un aumento en la productividad del trabajo que compense el envejecimiento de la población, los próximos 50 años verán una caída de casi 40% en las tasas de crecimiento del PBI y de casi 30% en el crecimiento del ingreso per cápita en todo el mundo.
El panorama en la reducción del crecimiento varía mucho según los países en el mundo desarrollado. En Canadá y Alemania se prevén las caídas más grandes. Arabia Saudita, México, Rusia y Brasil corren peligro. A las sociedades que no logren llegar al nivel de productividad que hace falta para  sostener el crecimiento les resultará difícil lograr las metas deseables, como reducir la pobreza en economías en desarrollo y satisfacer los actuales compromisos sociales en los desarrollados.
La investigación, sin embargo, arroja también algunos indicios que permiten cierto optimismo. Entre los países estudiados, 75% de los aumentos de productividad que se necesitan de aquí a 2025 podría lograrse si las compañías rezagadas y los organismos del sector público consiguieran la misma productividad que sus colegas con mejor desempeño. Los mercados emergentes tienen las mejores oportunidades. Esas oportunidades ya existen y representan un vínculo fundamental  en el círculo virtuoso de su desarrollo: elevar la productividad laboral es algo que va de la mano con el crecimiento del ingreso disponible, el consumo y el PBI.
Para cerrar esa brecha, las empresas deben aprovechar la oportunidad de acelerar el crecimiento de la productividad con su potencial de creación del valor, mientras que los gobiernos deberán apoyarlas evaluando las políticas que regulan la competencia en productos y mercados laborales. El análisis micro a macro que hace el MGI muestra muchas señales positivas en sectores globales como agricultura, procesamiento de alimentos, automotores, comercio minorista y salud.

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