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Lunes 21 de octubre de 2019
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ANIVERSARIO |

Inevitabilidad del cambio
El nuevo modelo de negocio de los medios

Desaparecidos o achicados los mecanismos tradicionales de ingresos, ¿cómo se financian, con aportes de entidades de bien público, con donaciones por parte de los lectores, o con suscripciones digitales? ¿Son empresas que no deben perseguir utilidades, al revés de lo que predicaba Milton Friedman?

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Edición Agosto Nº1218

Edición 50º aniversario
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 Hace pocas semanas, una noticia pasó casi inadvertida, salvo para la gente de los medios de comunicación convencionales, que tiene un sensor para detectar estas novedades. Una revista estadounidense, Pacific Standard (especializada en temas de justicia social y ambiental), anunció que cerraba su versión online –la de papel desapareció hace algunos años–.

La razón: la principal contribuyente al presupuesto anual de funcionamiento de este medio, la Social Justice Foundation que aportaba US$ 3 millones por año sobre un presupuesto total de US$ 3,5 millones, había decidido suspender este apoyo.

El tema levantó algunas olas porque está en el corazón de un debate reciente, pero muy intenso. ¿Cómo se financian los medios de comunicación, cuál es el modelo de negocio que garantiza su permanencia?

Hay una corriente de pensamiento que sostiene con buena argumentación que deben ser empresas que no persigan utilidades. Que no tengan ni repartan ganancias. Deben preocuparse exclusivamente por conseguir lo necesario para financiar sus costos, y lo adecuado es recurrir a la filantropía, al aporte de entidades de bien público.

La visión más que centenaria del modelo de negocio clásico, era que los medios vivían de la publicidad que obtenían y que esos ingresos aseguraban su funcionamiento y la ganancia de la empresa que los editaba, como corresponde en el sistema capitalista.

Pero la publicidad se ha vuelto esquiva, disminuye o desaparece. Esos recursos van hacia otros mecanismos de comunicación –como las redes sociales, por ejemplo– aunque no existan certezas todavía sobre su eficacia.

Otras investigaciones apuntan en forma decisiva en otra dirección. Por ejemplo, el Reuters Institute for the Study of Journalism, en su análisis de tendencias y predicciones para 2019 –investigación global en consulta con más de 200 líderes de medios digitales relevantes– encuentra que 52% de los entrevistados afirma que el principal ingreso provendrá de las suscripciones, mientra que apenas un 27% apuesta a que sea el producido de los avisos digitales en el sitio.

Lo que revela este trabajo es que hay una diferencia real entre el actual ingreso y el querido, o imaginado. 81% afirma que todavía los avisos online son la fuente importante de financiamiento, mientras que 78% sostiene que en materia de ingresos, le siguen las suscripciones pagas.

La conclusión es que disminuye la expectativa puesta en el ingreso publicitaria, y crece el potencial imaginado en la vocación de consumidores y lectores por pagar una suscripción. La verdad es que convertir a los lectores (acostumbrados a informarse gratis) en quienes pagan algo por acceder a contenidos, es una tarea difícil y con notorias complejidades. Aún así, el lector que está dispuesto a pagar por los contenidos del sitio (el famoso pay wall) tendrá un limitado número de suscripciones. Lo que acelera la carrera entre medios y editores.

Una audaz predicción de Deloitte, sostiene que a finales de 2020, una quinta parte de los adultos en mercados desarrollados, tendrá al menos 10 suscripciones digitales (noticias, música, juegos).

 

Un caso muy especial

Seguramente The Guardian es el diario más prestigioso de Gran Bretaña, por la jerarquía de contenido, el valor intelectual de sus colaboradores, y una reconocida honestidad en la línea editorial. Pero aún con estos activos en su favor, ha pasado momentos muy difíciles en su economía como empresa.

Recientemente, han aparecido utilidades, lo que lo ha convertido en modelo de estudio para todos sus competidores.

Hay algo que lo hace absolutamente diferente al resto. El diario no solo vende suscripciones online. También pide donaciones, permanentes o esporádicas, anuales o casuales. Y le ha ido muy bien con este mecanismo. Que por supuesto desatóbromas, críticas y rechazos. Pero que ha demostrado ser exitoso. El Guardian ha tenido su primera ganancia operativa en una década, en un rotundo mentíspara quienes sostienen que un medio no puede dar todo o casi todos sus contenidos gratis,

Los lectores valoran la profundidad y calidad periodística de las investigaciones especiales, y están dispuestos a colaborar para que se lleven adelante. Así, el negocio principal del diario tuvo en 2018, una ganancia operativa de US$ 1 millón, antes de impuestos, intereses y amortizaciones.

No importa que los competidores los llamen "mendigos" por pedir donaciones. La respuesta de los lectores es más que elocuente, y tal vez abre una nueva e interesante avenida a la discusión sobre los ingresos posibles para un medio de comunicación, algo así como un modelo de negocios que era difícil de imaginar. Los lectores buscan preservar la independencia editorial del medio que prefieren.

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