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Dossier

{Entrevista} “Ya nadie ignora que el Estado es una construcción social”

Especialista en Organización Industrial, ex director de la oficina de la CEPAL hasta julio de 2010 y profesor de la escuela de negocios de la Universidad Di Tella, Bernardo Kosacoff estima que “en el mundo todavía hay expectativas sobre esta crisis en ciernes, un replanteo del cual viene la mejor forma de organización del conjunto de las sociedades”.

lun 21 de mayo de 2012
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 - ¿Cómo se enfrenta a un creciente proteccionismo?

- El mundo está ahora mucho más complicado. Vamos al canal comercial, y ahí tenemos dos grandes tendencias. Una, la existencia de estas grandes cadenas globales de valor, donde esta presencia de las grandes corporaciones tiene un peso determinante en la forma en que se organiza la producción y el comercio a escala mundial.
En particular desde que China entró a la OMC aparece esta industrialización en nuevas áreas y sobre todo en las asiáticas, donde cada vez producen mejor, más y más barato. Y que simultáneamente operan con prácticas comerciales que tienen que ver con tipos de cambio devaluados y con una fuerte agresividad comercial, con lo cual el mundo tiene una inyección de competencia muy fuerte.

Simultáneamente, cuando aparece este proceso de desaceleración de los países industrializados y esta moderación de las tasas de crecimiento en los países en desarrollo, lo que vamos a tener son excedentes de producción y mercados que están mucho más reducidos, con lo que las prácticas comerciales, las guerras de divisas y demás se hacen más intensas, lo cual afecta obviamente a países como la Argentina. 

Hemos tenido suerte que nuestra especialización de los últimos años dio una fuerte participación de la soja, de los insumos básicos, de los minerales, cuyos precios internacionales fueron espectaculares y no han tenido estas dificultades de acceso a los mercados que tiene el resto de los productos, con lo cual de alguna forma hemos salido relativamente favorecidos.

- ¿Los recursos naturales nos dan una ventaja en el posicionamiento futuro?

-Lo que dice la historia es que es muy bueno tener recursos naturales y esto hay que revalorizarlo, no tener la falsa idea de “los malditos recursos naturales”, pero sí hay que pensar cómo aprovechar de la mejor forma estos períodos de buena posición en el mercado internacional para salvar dinámicas de cambio estructural y para atender que países como Argentina transiten hacia la sociedad del conocimiento.

Todos sabemos perfectamente, cuando vemos en cada uno de los productos, que cuanto más valor agregado le estemos poniendo, la eficiencia, la calidad de la mano de obra, que es lo que determinan las ganancias y que los márgenes sean totalmente distintos, se superan en un proceso continuo.

Los productores de granos de café de África o de América latina, por ejemplo, no han mejorado notablemente sus ingresos, sencillamente porque no aprovecharon estos notables éxitos comerciales, como el expreso o los cafés italianos, cada vez más ricos y más caros. Lo que sabemos es que el grano de café se lleva una partecita muy pequeña, y lo que se valora ahí es la innovación, la diferenciación.

Y lo que nos gustaría, siguiendo ese caso hipotético, sería convertirnos en productores de esas marcas de cafés que se pagan muy bien y dejan buenos márgenes, lo cual permite pagar muy buenos salarios.
 



 - ¿Y los Estados?

-Siempre se supuso que los Estados pagan y no se hicieron las evaluaciones adecuadas y en la medida en que, justo cuando muchas entidades financieras prestaban a los Estados, no se les requería tener el marco prudencial y las garantías porque se suponía que los Estados pagaban. Y cuando dejaban de hacerlo y venían cuestiones muy complejas que nosotros conocemos muy bien en América latina, y particularmente en Argentina, la respuesta no es necesariamente la capacidad de los Estados para asumir las deudas contraídas.

- ¿Le llegó el final a la mano invisible del mercado?

-Ya no hay nadie que ignore que el Estado es una construcción social. O sea que lo que definen los mercados no son leyes universales que se puedan aplicar a cualquier territorio y en cualquier momento, y que va a estar la mano invisible que dará la coordinación plena en términos de funcionamiento del sistema económico.

Los desafíos de los países que quieren ser modernos e inclusivos justamente son cómo generar las reglas de juego y la construcción del Estado poniendo la construcción de las instituciones y las adecuadas regulaciones para que los mercados puedan tener justamente esta capacidad, no sólo de coordinación, sino de inyectar más competencia y a la vez tengan en cuenta todos estos fenómenos asociados a la equidad, la inclusión, que es el objetivo del desarrollo económico.

- ¿Podría reconvertirse un trabajador de la industria del acero expulsado de su puesto en un asistente de la solidaridad social, que por ejemplo cuida ancianos, como marcaría la actual demanda?

- Un trabajador del acero no puede ir a cuidar ancianos; hay que generar las capacidades. Cuando uno dice que son necesarias las políticas, entre otras cosas, se plantea que todo el mundo tenga igualdad de oportunidades, pero fundamentalmente lo primero a plantear es que tenga igualdad de capacidades, y este es el desafío de los desarrollos inclusivos.

Por ponerlo en términos sencillos, uno podría decir que todo el mundo tiene derecho a leer y vamos a regalar libros para todo el mundo, pero que a un analfabeto le regalen los libros no sirve absolutamente para nada.
Y obviamente lo que aparece como un fenómeno es que el mercado de trabajo requiere para ser competitivo de gente altamente calificada.

Sin ella no vamos a tener un modelo de organización de la producción que sea eficiente y competitivo. Y eso hace al desafío de las políticas públicas.

Por eso aparece un lugar central de dos palabras: educación e innovación.



 - ¿Y los Estados?

-Siempre se supuso que los Estados pagan y no se hicieron las evaluaciones adecuadas y en la medida en que, justo cuando muchas entidades financieras prestaban a los Estados, no se les requería tener el marco prudencial y las garantías porque se suponía que los Estados pagaban. Y cuando dejaban de hacerlo y venían cuestiones muy complejas que nosotros conocemos muy bien en América latina, y particularmente en Argentina, la respuesta no es necesariamente la capacidad de los Estados para asumir las deudas contraídas.

- ¿Le llegó el final a la mano invisible del mercado?

-Ya no hay nadie que ignore que el Estado es una construcción social. O sea que lo que definen los mercados no son leyes universales que se puedan aplicar a cualquier territorio y en cualquier momento, y que va a estar la mano invisible que dará la coordinación plena en términos de funcionamiento del sistema económico.

Los desafíos de los países que quieren ser modernos e inclusivos justamente son cómo generar las reglas de juego y la construcción del Estado poniendo la construcción de las instituciones y las adecuadas regulaciones para que los mercados puedan tener justamente esta capacidad, no sólo de coordinación, sino de inyectar más competencia y a la vez tengan en cuenta todos estos fenómenos asociados a la equidad, la inclusión, que es el objetivo del desarrollo económico.

- ¿Podría reconvertirse un trabajador de la industria del acero expulsado de su puesto en un asistente de la solidaridad social, que por ejemplo cuida ancianos, como marcaría la actual demanda?

- Un trabajador del acero no puede ir a cuidar ancianos; hay que generar las capacidades. Cuando uno dice que son necesarias las políticas, entre otras cosas, se plantea que todo el mundo tenga igualdad de oportunidades, pero fundamentalmente lo primero a plantear es que tenga igualdad de capacidades, y este es el desafío de los desarrollos inclusivos.

Por ponerlo en términos sencillos, uno podría decir que todo el mundo tiene derecho a leer y vamos a regalar libros para todo el mundo, pero que a un analfabeto le regalen los libros no sirve absolutamente para nada.
Y obviamente lo que aparece como un fenómeno es que el mercado de trabajo requiere para ser competitivo de gente altamente calificada.

Sin ella no vamos a tener un modelo de organización de la producción que sea eficiente y competitivo. Y eso hace al desafío de las políticas públicas.

Por eso aparece un lugar central de dos palabras: educación e innovación.



SAB 21 ABR 2012 | 18:00

(Versión completa de la entrevista que se publicó en la edición de marzo de Mercado, sobre “El heredero del capitalismo”)

- ¿Hay un antes y un después en el mundo tras la crisis financiera del 2007, que aún continúa su curso en Europa y Japón?

-Después de la crisis de Lehman Brothers, en 2008, terminaron definitivamente aquellas ideas fundamentalistas, en las que simplemente el mercado y la no regulación eran la mejor forma de reasignación de recursos, y por otro lado, aquellas otras ideas de las cuales la no consideración de algunos efectos esenciales para el desarrollo podían dejarse ausentes cuando no se estaba pensando la organización de las sociedades. Con esto tienen que ver los temas de inclusión, de equidad, de educación, de innovación, cambio climático, en definitiva, la agenda de desarrollo.

Hoy se está viviendo un mundo que claramente quedó muy impactado por la crisis de 2008, que venía en los años previos con un desempeño notablemente fabuloso; fueron varios años seguidos en los que el mundo crecía.

No sólo el producto sino, en forma más acelerada, las exportaciones, y mucho más aún que ellas los gastos en investigación y desarrollo, y en forma más acelerada, los flujos de inversión extranjera directa, que en definitiva constituían nuevas formas de organización de la producción a escala mundial.

Y lo que se había observado es un abandono total del mundo proteccionista y de los altos aranceles que existían hasta los años 70, y se daban dos grandes cambios estructurales: el primero comienza después de la crisis del petróleo, que tiene que ver con una introducción masiva de nuevas formas de organización de la producción, en donde la inclusión de la lógica de la informática y aquellas nuevas formas de producción generaron la salida de producciones orientadas hacia los mercados estrictamente domésticos con multiplantas que operaban en condiciones productivas muy distintas a la participación creciente de lo que se denomina cadenas globales de valor.

Todas ellas regidas por un agente económico diferencial, que son las grandes empresas transnacionales, en particular las de origen americano, donde alrededor de unas 500, las mayores corporaciones del mundo, comenzaron a operar en forma global, según la cual la producción de los bienes se fue generando a través de distintas localizaciones y se dieron notables fenómenos de complementación y de especialización.

Esto empezó con mucha fuerza en los 70 (por supuesto la historia de las transnacionales tiene más de un siglo) pero lo que uno observa al día de hoy justamente es un fenómeno creciente y que perdura en la organización de bienes y servicios en el mundo.

A tal punto que hoy un producto es muy difícil decir que es made in USA o tal nacionalidad, lo que se puede decir es que made in world. Que se produce con distintas localizaciones de partes de generación de la producción, inclusive conocimiento con localizaciones a través del mundo y que son marcas mundiales que tienen una importancia decisiva en la generación del comercio.



 - ¿Esa transnacionalización incidió en los liderazgos políticos de las potencias ahora en crisis?

-Hay un libro en EE.UU. que refleja un debate interesante, que es el de Raymond Vernon, cuyo título lo define todo: La Soberanía en Peligro.

Tenía básicamente que ver con que las operaciones de las empresas dejaban los límites de los territorios nacionales y conformaban operaciones donde planteaban temas notablemente novedosos, por los que la regulación de los gobiernos perdía mucha capacidad, entre ellos, los de existencia de precios de transferencias, o dónde se hacía la fijación de los impuestos, y el tema más importante en EE.UU. tenía que ver con las grandes corporaciones, que seguían generando el conocimiento básico en el notable avance estadounidense y comenzaban a operar en la producción de los bienes generando empleo fuera de la fronteras.

- ¿Con qué autoridad y poder de convicción se redistribuyen ingresos en medio de una situación como la actual, en la que crece una corriente de indignados en las sociedades más desarrolladas?

-El tema de la distribución del ingreso es uno de los más preocupantes que existen, no sólo en los países en desarrollo sino también en las sociedades más avanzadas. No tiene que ver sólo con este fenómeno donde las grandes corporaciones operan mucho más allá de los territorios nacionales, sino las últimas evidencias empíricas donde el fracaso de las políticas impositivas de los últimos años -en que hubo una fuerte desgravación impositiva de la tasa en Estados Unidos para las grandes ganancias corporativas con la idea de una mayor reinversión de utilidades- , determinó una brecha creciente en término de la distribución de los ingresos hacia un pequeño grupo de gente multimillonaria, cuya particularidad es que pagan la mitad de los impuestos que paga el trabajador normal en el mercado de trabajo.

Una de las manifestaciones de los indignados es que este capitalismo, que tuvo notable éxito hasta lo de Lehman Brothers, no estuvo acompañado por un fuerte proceso de inclusión.

Y cuando se producen las crisis, las economías tienen la capacidad de recuperación muy notable, y en particular la de EE.UU. que tuvo, a mi juicio, políticas adecuadas e intervención para justamente exhibir fenómenos no sólo de rescate de las entidades financieras y corporativas, sino para dar las políticas anticíclicas necesarias para que la recesión no sea más profunda. Pero lo que sabemos es que lo que más tarda en recuperarse es el mercado de trabajo. Este es uno de los problemas centrales.

También aparecen estos fenómenos en que hay algún conjunto de deudores que tienen situaciones muy difíciles, siendo el caso más dramático de resolver el de toda la gente que tiene sus deudas hipotecarias sin que cuente con ingresos para responder adecuadamente.

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