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Economía y Política

Obama: “He aprendido una dura lección y todo es mi culpa”

El presidente admitió que su derrota de medio mandato fue peor que la de William Clinton en 1994. Pero California resistió: el demócrata Jerry Brown le birló a Megan Whitman, fundadora de eBay, el sillón que deja el carismático Arnold Schwarzenegger.

jue 4 de noviembre de 2010
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Un hombre que asume su responsabilidad.


No todo será fácil para los “rednecks”. Sus esfuerzos pueden pasarse de la línea, por ejemplo, “si los parlamentarios republicanos cumplen amenazas de procesar a miembros del gobierno federal. Máxime si imponen drásticos recortes de gastos capaces de paralizar al poder ejecutivo”, advierte Jack Pitner, consultor en política fiscal. “Llegan al Capitolio muchos legisladores nuevos, sin experiencia –explica-, que apoyarán medidas duras. No obstante obrarán como la nafta: alimentarán la maquinaria del partido, pero serán volátiles y pueden provocar explosiones o efectos contraproducentes”.

A su vez, observan analistas de la propia Wall Street, las metas más ambiciosas de los triunfadores tal vez queden fuera de alcance para el flamante cabildeo de ultraderecha. ¿Por qué? Por las amplias facultades de veto en manos de Obama y porque los demócratas retienen una apretada mayoría en el senado. Esta situación favorece a la reforma del seguro médico (agrega once millones de pobres pero aun deja 32 millones fuera).

Obviamente, este triunfo pondrá un diputado republicano al frente del estratégico comité para servicios financieros. Pero, como ocurre en ése y otros casos, “es difícil que la oposición ubique legisladores del ‘Tea party’. Carecen de experiencia y muchos son campesinos poco letrados”, ironizaba Christopher Dodd, senador demócrata que encabezaba ese comité y hoy se jubila.

En verdad ¿esta derrota no tiene precedentes para los demócratas? Los tiene y se parecen al actual. En 1938 y 1942, perdieron 71 y 55 bancas, respectivamente, aun con un presidente tan emblemático que ha inspirado a Obama: Franklin Delano Roosevelt. El revés de 1938 reflejaba descontento por –claro- la depresión económica. El siguiente tenía un factor similar al del “Tea party”: el tradicional aislacionismo del país profundo, los rednecks, reaccionaba contra la entrada de EE.UU. en la II guerra mundial. Ninguno de ambos componentes duró los dos años que mediaban hasta las elecciones presidenciales subsiguientes.
 



Sea como fuere, el panorama es malo para un Barack Obama cuyo propio carisma fue pulverizado por casi 10% de desempleo y una gestión financiera más preocupada por salvar malos banqueros que por los problemas de la clase media baja y baja –inmigrantes hispanos inclusive-, hasta no hace mucho sus bastiones. No sorprende que, en el congreso, empiecen a levantarse voces contra la perpetuación de Timothy Geithner (Tesoro) y Benjamin Bernanke (Reserva Federal, cargo que tiene intangibilidad senatorial).

El balance electoral es tan claro como oscuro, valga la ironía. Los demócratas ceden de 255 a 185 diputados sobre un total de 435, mientras los republicanos pasan de 178 a 239. Vale decir, son la nueva mayoría en la cámara de representantes. Menos castigado, el oficialismo retiene 52 senadores sobre cien (antes eran 57), en tanto la oposición sube de 41 a 46 escaños.

En cuanto a gobernadores, fue una paliza: los demócratas quedan en apenas quince sobre cincuenta –antes sumaban veintiséis- y los republicanos avanzan de veinticuatro a treinta, con un independiente y cuatro sin definir. Sin embargo, conservan dos de los distritos más influyentes, California (perdida por los republicanos) y Nueva York.

Sin duda estimulados por el triunfo republicano, que convierte al presidente en virtual “pato rengo”, los intereses financieros y la ultraderecha pueden converger en dos años de hostilidades. Aunque los victoriosos carezcan de programa y equipos solventes. Precisamente este factor puede crearle problemas al hoy eufórico “Tea party”, pues sus votos no encarnan un mandato claro, por la escasez de activistas elegidos y la falta de una plataforma. En realidad, este movimiento se define por su cerril oposición a cualquier reforma originada en Obama.



Pensando en los republicanos moderados –bastante más que los ultras- jugadores como Goldman Sachs, Bank of America o las aseguradoras se aprestan a operar en el nuevo congreso contra las políticas sociales (seguro médico a la cabeza). También atacarán la reforma financiera, las medidas ambientales y tributarias.

Por ahora, lo une a Wall Street y los grupos retrógrados del “país profundo” es claro: reducir al mínimo los gastos del gobierno en tres niveles, federal, estadual y comunal. Pero los banqueros y el “Tea party” no tocarán los subsidios agrícolas, o sea el proteccionismo rampante en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón). Poco antes de los comicios, la Asociación Nacional de Industriales, NAM en inglés, virtualmente pedía una guerra comercial con China, sin advertir que la actual batalla cambiaria internacional sólo ha significado reveses para Washington y Bruselas. La inminente cumbre del grupo de los 20 probablemente acentúe diferencias entre aquel trío y los países emergentes más notorios.

“Los estadounidenses hemos votados por más empleos y crecimiento. Así le infligimos una derrota definitiva a Obama”, proclamó eufórico Thomas Donahue, presidente de la cámara de comercio, el mayor” lobby” de negocios que opera desde Washington y tiene filiales en medio mundo. Sin duda, los resultados electorales presionarán para mantener las rebajas impositivas a los ricos –el ofertismo de Ronald Reagan en versión George W.Bush- y evitar toda reducción a quienes ganan menos. Por supuesto, la victoria hace olvidar que ocho años de esa política llevaron a los mayores déficit fiscales de la historia.

En materia social, la nueva mayoría de representantes intentará dar marcha atrás en las reformas demócratas. Igual sucederá con normas ambientales, especialmente en lo tocante a pesticidas y explotaciones mineras de alto riesgo ecológico. Asimismo, se dejarán diluir investigaciones sobre desastres como el de British Petroleum en el golfo de México. Kenneth Green, cabildero del Instituto Empresario Norteamericano (AEI en inglés), opuesto a la agencia federal de protección ambiental, directamente buscará disolverla.

 

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