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Economía y Política

Realineamientos y tráfico de armas en el sudeste asiático

Otra vez, tensiones geopolíticas ponen en primer plano la seguridad de una zona que va desde el mar del Japón hasta Indochina e Indonesia. La volátil Norcorea y la defensa de Surcorea son hoy pretextoa para otro costoso, quizás poco útil rearme.

mar 31 de mayo de 2011
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Según un informe del Instituto de Investigaciones para la Paz (IDIP), Estocolmo, “por un lado Rusia sigue compitiendo con Estados Unidos e Israel en la venta legal de armas y pertrechos. Por otro, las ambiciones estratégicas chinas inflan sus transacciones, máxime tras el megacontrato de junio entre Taipei y Washington”

Los datos de la entidad abarcan el quinquenio 2005/9 y subrayan que EE.UU. ya no es proveedor dominante en el sudeste asiático. Ahora debe compartir el negocio “legal” más caro del mundo con Rusia, India, Surcorea, Israel, Francia, Polonia, Alemania, Italia, España y Ucrania.
De acuerdo con este organismo no gubernamental, los embarques bélicos a la región se han doblado en volumen desde 2005 y hoy representan 20% del volumen mundial. Parte de la nueva competencia tiene motivos económicos: los proveedores de armas ajenos a EE.UU. son más baratos. Por otra parte, la creciente multiplicidad de vendedores refleja cambios en los esquemas estratégicos de compradores como Indonesia, Filipinas, Vietnam, Tailandia o Malasia.
Desarrollar recursos aeronavales, por ejemplo, se ha tornado esencial para quienes planifican defensa o seguridad donde existen tensiones por reclamos territoriales. Particularmente cuando se trata de jurisdicciones marítimas.
También pesa el oportunismo de algunas potencias, como Rusia, que aprovechan la renuencia de EE.UU. a exportar aviones y naves de combate o armas estratégicas a estados poco o nada democráticos.
Un caso típico es Indonesia, el país musulmán más populoso del planeta (245 millones de habitantes). En cinco años, Dyakarta incrementó 84% las importaciones bélicas. Tiene ya cazas rusos y submarinos surcoreanos, en tanto sus requerimientos futuros abarcan sistemas avanzados de comando y control aéreo, proyectiles aire-aire y unidades capaces de abastecer aviones en vuelo, generalmente europeas.
Por su parte, Tailandia empezó a comprar armamento chino en los años 80, por razones de precio. Pero desde 2004 se ha pasado a material ruso, inclusive cazas Su-30MK2 y submarinos. Su programa abarca sistemas de alerta aéreo temprano, helicópteros antisubmarinos y proyectiles aire-aire.


 

Malasia, cuyas compras de armas crecieron 722% en 2005/9, importa los cazas rusos ya descriptos, submarinos (Polonia, Francia), tanques (polacos también) y fragatas (Alemania). Como en otros países, este tipo de adquisiciones implica substanciales mejoras tecnológicas en toda clase de sistemas.
 
En cuanto a Vietnam, tradicionalmente remiso a depender de los vecinos chinos, pese a las afinidades ideológicas, le compró a Rusia cazas Su-27SK y Su-30MK2, amén de seis submarinos. Pero Hanoi discute con EE.UU. y proveedores de Europa occidental importaciones de aeronaves de transporte, helicópteros y equipos de comunicaciones.
 
Resulta increíble: Singapur –una ciudad-estado insular dedicada a  finanzas y bienes raíces- es el primer territorio en la región, desde la guerra de Vietnam, que figura entre los diez máximos importadores mundiales de armas. No está mal para un enclave de 3.500.000 habitantes. En 2005/9, revela el IDIP, sus compras crecieron 146%. Sólo este año, ha recibido seis fragatas francesas y 32 aviones de combate norteamericanos.
 
Washington ha pagado bien caro su política de no vender a estados donde no se respetan derechos civiles, algo que ni soñaban pragmáticos como Richard Nixon o Ronald Regan (inspirados por Henry Kissinger o Robert McNamara). Esta encomiable postura lo excluye de países delincuentes (Birmania, Laos) o poco presentables.
 
Otros proveedores ganan terreno ofreciendo paquetes que incluyen tecnologías complementarias, adiestramiento de personal, asistencia económica, oportunidades comerciales y desarrollo energético.  Sin ir más lejos, China apela a esos “extras” para mejorar relaciones con Vietnam y Filipinas, pese a sus históricos roces por las islas Paracelso y Spratly (al sudese de Hainan y Saigón, respectivamente). A las segundas las disputan Beijing, Taipei, Hanoi, Manila, Kuala Lumpur y el minúsculo Brunei.
 
Esta carrera armamentista crea la impresión de que hay poca confianza en  llegar a un objetivo casi lírico de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ANSA). Esto es, convertir al llamado foro regional en un pacto de seguridad y dejar atrás ínfimas reivindicaciones territoriales ya sin sentido. Sería  mucho más relevante resolver problemas de las propias vías marítimas. Por ejemplo, el vasto mar de China meridional, el golfo de Siam, los estrechos de Malaca, Kalimantan (Borneo), Balábac (Filipinas) o Masacar (Borneo-Célebes).
 

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