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Economía y Política

Zimbabwe: un régimen vesánico que atrae inversores codiciosos

Una elección ganada en segunda vuelta gracias a la intimidación y el fraude no impide que Robert Mugabe sea un mimado de capitales extranjeros. Como los dictadores de Malawi, Sudán, Eritrea, Gabón, ambos Congos, Chad, etc.

mar 1 de julio de 2008
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Quizás unos pocos empresarios e inversores se tornen más cautos, pero la mayoría de quienes apuestan a África -empezando por China- no sacarán dinero, subsidiarias, plantas ni técnicos. Aunque, como sucede en Nigeria, imán para petroleras, sean víctimas de una interminable guerra civil.

En el caso de Zimbabwe, la ex Rodesia meridional resulta atractiva -al igual que la cercana Malawi- porque Mugane y sus adláteres son en extremo corruptos. Pero eso no impide que la economía local marche relativamente bien, merced a la venalidad sistémica del país (típico rasgo africano).

Por supuesto, los inversores esgrimen un argumento habitual en Latinoamérica hace decenios: en el largo plazo, la calidad de esos regímenes puede mejorar debido a sus capitales. De hecho, ha ocurrido en Argelia, Egipto, Libia, Marruecos o Senegal. No en el resto del continente y mucho menos en Zimbabwe, donde el opositor Morgan Tsvangarai -ganador real de los comicios- tuvo de abandonar la puja para salvar la vida.

. A tal punto llega la inescrupulosidad de Mugabe que la Unión de Estados Africanos -aun menos democrática que la Opep- optó por distanciarse del dictador. Pero en la entidad hay apenas una democracia en serio (Sudáfrica) y algunas relativas (Zambia, Senegal, Tanzania, Kenia).

En lo atinente al sector privado internacional que apuesta a Zimbabwe, hasta ahora no ha abierto la boca. Algunos medios europeos, en cambio, no se privan de subrayar un llamativo contraste: Washington y la prensa conservadora califican de autócratas al venezolano Hugo Chávez o al boliviano Evo Morales. En gran parte de África serían lujos democráticos.

Por supuesto, sobran argumentos para tolerar a Mugabe. Por ejemplo, un colapso del régimen expulsaría gente a Zambia, Mozambique, Botswana y Sudáfrica, donde ya hay violencia étnica contra refugiados no zulúes. El problema amenaza ya a las minúsculas Swazilandia y Lesotho, virtuales satélites de Pretoria.

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