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Economía y Política

Hay nuevas metas de difícil cumplimiento

El equipo económico anunció un cambio en los objetivos de inflación para 2018-2020.

vie 29 de diciembre de 2017
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Hay nuevas metas de difícil cumplimiento

Por Lorenzo Sigaut Gravina (*)

Tras la aprobación de los principales proyectos de ley que el oficialismo envió al Congreso (sólo resta aprobar la reforma laboral), las novedades económicas parecían agotadas en 2017. Sin embargo, al filo del cierre del año el equipo económico (el Ministro de Hacienda, el de Finanzas y el Presidente del BCRA) coordinados por el Jefe de Gabinete, anunciaron un cambio en las metas de inflación para 2018-2020.

La primera novedad fue que quien anunció el relajamiento de la meta de inflación no fue Federico Sturzenegger sino Nicolás Dujovne. En la práctica esto significa que la potestad de fijar la meta de inflación deja de estar en manos del BCRA y vuelve al poder Ejecutivo. Más aún, la presencia del Jefe de Gabinete y los principales responsables en materia económica mostró el cierre de filas en torno del nuevo objetivo. Hay que esperar para ver si esto se traduce en una mayor coordinación del equipo económico, pero ya sabemos por las declaraciones del Presidente del BCRA, que una pauta inflacionaria menos ambiciosa implicará relajar (algo) la política monetaria.

La segunda fue que ya no habrá una banda sino una meta puntual de inflación. De hecho, el ministro de Hacienda fijó un objetivo de suba de precios de 15% para 2018, de 10% para 2019 y de 5% para 2020.


El relajamiento de la meta de inflación no es muy significativo: aumentó sólo tres puntos porcentuales el objetivo para 2018 respecto del techo de la pauta fijada anteriormente por el BCRA (8-12%) y pospuso un año (de 2019 a 2020) la meta de una suba de precios del 5% anual.


Sin embargo, el anuncio es positivo: se acerca más a la realidad y demuestra que el Ejecutivo toma conciencia de que bajar la inflación será un proceso gradual y complejo producto de la elevada inercia y el atraso de precios relativos (tarifas y tipo de cambio) existentes.


De todas formas, la meta sigue siendo de difícil cumplimiento. Este año la inflación cierra apenas por debajo del 25% (la velocidad crucero de la suba de precios registrada durante los últimos diez años) y, producto del ajuste de tarifas y la suba del dólar a fin de año, el verano del 2018 mostrará un recalentamiento del alza de precios lo cual impactará en los reclamos paritarios, ralentizando el ritmo de desinflación de la economía argentina. 


Probablemente una meta de reducción anual de la inflación de 5 p.p. durante los próximos cuatro años (del 20% en 2018 hasta llegar al 5% en 2021) hubiese sido más acorde con los restantes objetivos de política económica: crecer sostenidamente 3,5% y bajar gradualmente el déficit primario (recomponiendo tarifas).


Por último, durante la conferencia de prensa tanto el Ministro de Hacienda como el de Finanzas destacaron que el sendero gradual de reducción del déficit fiscal y el incremento del endeudamiento eran sostenibles. El gran problema es que los números mostrados parten de un supuesto muy fuerte: el pago de intereses de la deuda queda estable en torno de 2,1% del PBI durante los próximos años. Esto permite mostrar que la meta de reducción de1 p.p. del déficit primario Nacional equivale a la reducción de 1 p.p. del déficit financiero (que incluye intereses). Sin embargo, las cifras de 2017 muestran un incremento significativo del pago de intereses (superior al 80% i.a. en moneda local) y el proyecto de Presupuesto 2018 elaborado por el gobierno estipula que el peso del pago de los intereses de la deuda pública como porcentaje del producto ascenderá a 2,3% el año que viene.


Las medidas anunciadas implican un relajamiento de la política monetaria en el corto plazo. Es decir, un probable adelantamiento del proceso de descenso de la tasa de interés de referencia del BCRA. Esto significa una desaceleración más lenta de la expansión crediticia (impacta en la actividad), y un menor atractivo al Carry Trade (y a la inversión financiera frente a la productiva). El probable descenso del retorno esperado de los activos en pesos en moneda dura junto con el compromiso del ministro de Finanzas de aumentar el financiamiento en pesos del bache fiscal, ayudarán a revertir el atraso cambiario observado en 2017 (excepto a mediados y fines de año).


Tras las elecciones legislativas el BCRA ratificó para 2018 la meta de inflación de 10% +/-2% y subió fuerte la tasa de interés de referencia (superó el 10% descontada la expectativa de inflación y/o devaluación). La creciente oposición dentro (y fuera) del gobierno (el dólar mayorista llegó a perforar 17 $/U$S) culminó en el reciente anuncio que busca desarmar el giro de la política monetaria emprendido. La pregunta del millón es si los cambios introducidos son superficiales o modifican la estrategia económica para revertir el creciente déficit externo.

(*) Economista jefe de Ecolatina.

 

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