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Economía y Política

Todos ganan con la paz chino-estadounidense

Pero, ¿quién ha obtenido mayores beneficios en el acuerdo logrado en Buenos Aires?

dom 2 de diciembre de 2018
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Todos ganan con la paz chino-estadounidense

Con toda certeza es una tregua que favorece a todo el mundo. A los dos grandes rivales – China y Estados Unidos- pero también al resto de los países. Al menos por tres meses –seguramente algo más- se ha suspendido la escalada de la guerra comercial que amenazaba con un proteccionismo rampante que borraría los efectos favorables de décadas de comercio libre global.

 

El logro estadounidense y la concesión china en el final de la reunión del G20 en Buenos Aires, quedó en claro. Washington pospone el aumento de aranceles a las importaciones chinas pero consigue que en los próximos tres meses se discuta sobre temas críticos como régimen de propiedad intelectual y la transferencia forzosa de tecnología. A la par, tiene un espacio para ocuparse de problemas económicos propios como el alza de intereses – y sus consecuencias- dispuestos por la Reserva Federal. Más importante para Donald Trump, le permite concentrarse en su delicada cuestión judicial y política sobre las relaciones con la Rusia de Putin cuando estaba ya en plena campaña presidencial.

China por su parte, hizo algunas concesiones y prometió que aumentará sus compras de productos importados desde EE.UU para ayudar a corregir gradualmente la balanza comercial que hoy es muy favorable en su favor. Mientras tanto, seguirá la política de inversión en infraestructura y en industria en África, en toda América latina, y hasta donde la dejen, en Europa.

Pero a cambio aumentará sus compras a EE.UU. ¿Por qué a pesar de esta concesión sale gananciosa ante su rival? Por dos razones centrales.

La primera, porque –en el plano interno- hará más sencillo para Beijing resistir a los reclamos de brindar estímulos a una economía doméstica debilitada, y que, si se aplican, complicarán el proceso de estabilizar los enormes niveles de deuda que tiene la potencia asiática.

La segunda, y tal más importante en el plano estratégico del largo plazo, es que si bien China buscará comprar más productos estadounidenses, serán en su mayoría productos básicos de la agricultura, y algunos bienes industriales. La compra de commodities por decisión oficial es posible en una economía como la china orientada exclusivamente por las directivas oficiales (un capitalismo un tanto extraño). También comprará algunos productos industriales, como aviones, automóviles, y maquinaria industrial.

 

Es que China prefiere comprar afuera ciertos productos que demandan gran inversión de capital, mucho tiempo de desarrollo y conocimiento en la mano de obra necesaria. A cambio se concentra en la inversión en tecnología de punta, en inteligencia artificial y tecnologías conexas, categorías en las que aspira a ser líder mundial.

Este es el fondo de la discrepancia. A EE.UU le molesta mucho el déficit comercial, pero más todavía el incesante avance de China en el desarrollo tecnológico, que amenaza la hegemonía estadounidense en este campo, e incluso en el ámbito militar.

Por eso, nadie supone que el conflicto está terminado. Por el contrario, fue puesto en el congelador por tres meses. Pero puede resurgir con enorme virulencia.

 

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