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Mercados y Finanzas

Gurúes vs. Ferguson: el mundo ya no tomará bonos y caerá el dólar

Según el escocés Niall Ferguson, un neoclásico, la moneda norteamericana volverá a ser fuerte y el mundo comprará letras de tesorería. Pero dos casandras que suelen acertar, Jeremy Granthan y Peter Schiff, predicen exactamente lo contrario.

lun 5 de enero de 2009
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A menudo, ambos expertos fueron objeto de escarnio por sus pronósticos tremendistas. Por ejemplo, las bancarrotas de Fannie Mae y Freddie Mac o las de grandes bancas y firmas de valores. Bear Stearns, Lehman Brothers y ambas cajas hipotecarias paraestatales los reivindicaron.

En realidad, Grantham es gestor de fondo y Schiff maneja una intermediaria bursátil. Los dos anticiparon en varios meses el descalabro desatado entre agosto y septiembre de 2008. No sin cierto tono irónico, el “Wall Street Journal” (hasta no hace mucho los tomaba en solfa) apunta que “el dólar todavía no se hunde”. Pero la tasa básica está en un piso histórico (0,25% anual) y su contrapartida, el precio de las letras federales, puede desmoronarse –sería un contrasentido- si el gobierno sigue emitiendo dólares y deuda sin respaldo.

Junto con Ferguson, un universitario sin experiencia en el mundo de las especulaciones, una hueste de analistas y gurúes insiste en que, para fin de año a lo sumo, una reacción del dólar apuntalará a las principales economías. Lo mismo anunciaban al comienza do 2007 y 2008. Hoy, ambos casandras afirman que el aumento de gasto público –o sea, dinero de los contribuyentes- y emisión sin respaldo dibujan un modelo inviable y elevan el peligro de desastres.

Esos factores y un inevitable aumento de impuestos (sostiene Schiff, un campeón de contribuyentes ricos, o sea sus clientes), en tanto el público sigue renuente a gastar, provocará un derrape de hasta 30% en la cartera Stándard&Poor’s 500, tomando los niveles a fin de 2008. Ambos expertos estiman que el Dow Jones 30 y el Nasdaq compuesto ya no son indicadores fiables.

Grantham ponen en duda el otro concepto de moda, recesión deflatoria. Junto con otros especialistas escépticos, él y Schiff temen un largo plazo inflacionario con picos híper. “La toma por el estado de deudas hipotecarias y activos tóxicos no necesariamente reactivarán la economía real”, sostiene el primero. En el plano político, estos operadores le ven un futuro negro a Barack Obama (quien acaba de perder un alfil, William Richardson). Por el contrario, Ferguson es casi pro Obama.

Como profeta apocalíptico, Granthan tienen más ejercicio que Schiff. Su trayectoria se inicia en 2000 –al pincharse la burbuja punto.com-, en tanto el otro surge recién en 2004. En julio de 2007, el primero anunció un estallido para octubre de 2008; le erró por apenas un mes. Ahora, no cree que el bono a treinta años –proyectado para consolidar deudas hipotecarias del público- coexista con una inflación anual algo superior a 1%. En realidad, sospechan los mercados, tampoco lo creen Henry Paulson, Benjamin Bernanke, Timothy Geithner, Lawrence Summers ni Robert Rubin.

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