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Opinión |

No todo fue malo en 2018: hay mejorías que destacar

El clima actual se traduce en la sensación de que las cosas no anduvieron bien durante el año pasado, en todo el mundo. La última reunión del Foro de Davos, a finales de enero, contribuyó a instalar esa percepción. Sin embargo, hubo muchas cosas destacables durante el año terminado.

lun 18 de febrero de 2019
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2019 Febrero

Tensiones geolpolíticas /económica en 2019
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Fue una oportunidad donde muchos de los Jefes de Estados –que aprovechaban siempre el Foro para encontrarse y dialogar– faltaron a la cita. Los más prominentes no aparecieron. Los temas centrales en la agenda, apenas fueron rozados. Si hay que encontrar un tema dominante, sería tal vez la presuntuosa denominación "Globalización 4.0".
El debate se centró en esa "cuarta revolución industrial" y en cuáles serán las respuestas que los países encontrarán a lo que podrían ser despidos masivos, como consecuencia del impacto de la automatización y de la inteligencia artificial.
En los pasillos en tanto, se intentaba anticipar el desarrollo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y su posible expansión a otras latitudes. La globalización puede estar creciendo a ritmo mucho más lento, pero no deja de avanzar, aunque de modo distinto al de la década anterior.
Para muchos analistas, el registro oficial de lo ocurrido en Davos es una respuesta inadecuada a los planteos urgentes de la realidad. Por eso se preguntan si el tradicional foro no ha entrado en una etapa irreversible de declinación.
Volviendo al clima global dominante –no el climático–, aun que basta con ejercitar la memoria y se verá que hubo muchas cosas destacables durante el año pasado. Veamos algunas de ellas.
Las emisiones de carbono se estima que subirán este año con relación al pasado. Pero la buena nueva es que el aporte de las energías renovables, por primera vez, superó el 10% de energía disponible, mientras quel el número de habitantes del planeta que no tiene electricidad cayó por debajo de mil millones de personas.
El acceso a la electricidad es esencial para mejorar los niveles de salud, de educación y acentuar la estabilidad económica. Todos esos indicadores mejoraron durante 2018. Las tasas de alfabetización siguen creciendo en todo el mundo. Hay mejoras visibles en indicadores de mortalidad infantil, mortalidad entre las madres, el embarazo prematuro en niñas adolescentes, y en el desarrollo y crecimiento de niños en todo el orbe.
Algo que suele pasar desapercibido, aunque es relevante, es cómo la brecha de género se sigue cerrando en materia de educación, muy especialmente en las economías más prósperas.
Podemos estar inquietos por el futuro, pero no es razón para dejar de computar todos los avances en todos los campos.
Como contrapartida, en Davos, brillaron por simple acto de presencia, muchos empresarios renombrados que aprovecharon el vacío de los dirigentes mundiales, para teorizar sobre cómo se puede salvar el mundo, reducir la inequidad en la distribución del ingreso, o brindar iguales oportunidades a todos los seres humanos.

Polémica con los empresarios
El propósito se ha convertido en una suerte de credo para prestigiosas figuras del capitalismo planetario. Pero sus antagonistas –que abundan– señalan que las soluciones que propician tienen un núcleo común: jamás amenazan sus riquezas o su poder.
Investigadores que siguen de cerca este tema, recuerdan que "la máquina del progreso" se rompió con la crisis financiera global de 2008 –la verdadera gran recesión, como también se la llama– y no ha sido reparada. Ese mecanismo, de tomar la innovación para lograr adelantos para toda la humanidad, ha logrado subsistir en algunas latitudes. Pero curiosamente no se pudo mantener en el caso de las economías más prósperas.
Citan ejemplos. En Estados Unidos el ingreso promedio, antes de impuesto, del 10% de los estadounidenses más prósperos se duplicó desde 1980. Pero si se observa el mismo dato en el 1% que está en el top de la pirámide, ese ingreso se triplicó con holgura.
En todo el mundo, según el World Inequality Report, el 1% con los más altos ingresos, capturaron 27% de la renta producida. Como contraste, al 50% o la mitad con ingresos más bajos (algo más de 3.000 millones de habitantes), le correspondió apenas 12% del total.
Así como el populismo político supone una seria amenaza para lo que representa Davos, algo similar está ocurriendo con los excesos del capitalismo si no logra neutralizar sus efectos.

Inevitable guerra económica global

Hay expertos en la realidad internacional que afirman que pronto se podría llegar a un acuerdo en la disputa comercial entre China y Estados Unidos. Otro grupo de especialistas no le asigna demasiado valor a ese posible entendimiento. Lo que importa –dicen– es que será inevitable una guerra económica, en todos los campos.

Otro grupo de escépticos asegura que el actual enfrentamiento es una mera batalla en la guerra por la hegemonía tecnológica, militar y económica entre las dos superpotencias.
Lo cierto es que durante la primera década del siglo, Estados Unidos se distrajo y China aprovechó para un crecimiento a ritmo intenso en distintos campos. La percepción es que, hoy, en materia de inteligencia artificial –y todo lo que ello supone– Beijing está en la vanguardia. Y Washington (y no solo Donald Trump) hará lo imposible para congelar y revertir esa situación.
De modo que de una forma u otra, habrá que estar preparados para tiempos turbulentos.
El primer capítulo se cerrará el próximo 1° de marzo. Ese es el plazo establecido en la reunión del G20 en Buenos Aires para lograr un acuerdo. Para que EE.UU. desmantele el esquema arancelario punitivo sobre las importaciones chinas, su rival deberá comprometerse a comprar más productos estadounidenses, tanto commodities agrícolas y alimentos, como determinados productos industriales.
Trump afirma que se reunirá con el Presidente Xi Jinping para zanjar las diferencias. Tal vez ocurra. Pero eso no borra la convicción de su equipo en la Casa Blanca: el capitalismo de estado chino se ha convertido en una amenaza sin precedentes para el sistema comercial mundial.
El enfrentamiento puede herir a terceras naciones (si no, basta con preguntarle a Canadá). El gigante tecnológico chino, Huawei, está en la picota. Es sospechada de facilitar el espionaje a través de puertas de entrada en el software de sus productos.
La directora financiera de Huawei, que además es hija del fundador de la firma, fue detenida en Vancouver por un pedido de extradición estadounidense que está siendo procesado. La causa: haber violado normas sobre ventas a Irán, siempre en la mira de Washington. La reacción china fue detener, con pobreza de argumentos, a dos canadienses que andaban por territorio chino. Ahora son rehenes oficiales.

Sospechas contra Huawei
Huawei avanza en ámbitos como redes de telecomunicaciones 5G, vehículos automatizados sin conductor, y se conecta con otros campos como la vigilancia masiva y el reconocimiento facial en gran escala. Una herramienta indispensable para blindar a un gobierno autoritario.
En verdad, la sospecha de Estados Unidos hacia Huawei tiene antecedentes: firmas estadounidenses han hecho lo mismo de que se acusa ahora a la firma china. Hoy, esta empresa es el mayor proveedor mundial de equipos en telecom network, superando a Cisco, Ericsson o Nokia.
Los dos líderes globales estuvieron ausentes en el Foro Económico Mundial de Davos. Para muchos, la interpretación es que ese encuentro ha dejado de ser el ámbito adecuado para estas discusiones. Para otros, es un intento de preservarlo del deterioro que supondrá la próxima escalada de enfrentamiento.
Las reuniones binacionales que hubo en la segunda mitad de enero, mostraron buenos modales, pero pocos avances. Los cargos criminales contra Huawei han deteriorado más el clima imperante.
Es importante no perder de vista este proceso para entender lo que ocurre y lo que pueda suceder. El escenario estaba listo desde antes que asumieran Trump y Xi Jinping. No se trata de cuestiones personales entre ambos líderes. Son los intereses de ambas naciones los que están en juego: China quiere ser actor tecnológico de primera magnitud, y Estados Unidos quiere preservar la hegemonía mundial en este y en otros campos.
Algo que pasó desapercibido es que a mediados de noviembre pasado, el Departamento de Comercio estadounidense publicó un listado de tecnologías emergentes sobre las cuales se proyectan controles de exportaciones para evitar que caigan en manos de competidores globales.
Entre esas tecnologías, figuran robótica, genoma, inteligencia artificial y computación quantum.
Ahí nació otro capítulo de la confrontación con China, en apariencia en segundo plano, ya que en la superficie campeaba la discusión sobre los famosos aranceles.
La conclusión es evidente. Tanto por razones económicas, estratégicas y militares, China debe ser detenida para evitar que gane la carrera por desarrollar las tecnologías que definirán el futuro. Haya o no haya una tregua o acuerdo en el campo de los aranceles al comercio, la competición por la tecnología de vanguardia está en el centro del debate y así continuará. No importa quién esté en la Casa Blanca ni quién sea el líder de China.

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