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Para Entender

En desarrollo territorial, cada espacio está dotado de sentido

Cuando se discute al índice de inflación, las restricciones al dólar, cada importación o la ley de medios, hablar de futuro más allá de si habrá re-reelección presidencial en 2015, o teorizar sobre el desarrollo y la calidad de vida, la planificación territorial o las migraciones, no entra en ninguna agenda política. Pero sí en la de una extensa entrevista con el experto Fabio Quetglas.

mié 7 de noviembre de 2012
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Fabio Quetglas


  -¿Hasta dónde será tolerable para la sociedad el modo de movilidad que estamos generando o la fragmentación social de las aéreas metropolitanas o la errática evolución de nuestras ciudades medianas dinámicas?

 
-Hay luces amarillas, como por ejemplo se advierte en toda la logística vinculada al comercio exterior, por su impacto ambiental, lo cual requiere que nos propongamos, con vistas al 2025, que las redes troncales ferroviarias funcionen normalmente lo mismo las hidrovías, que las infraestructuras portuarias sean eficientes, con una dispersión geográfica que no desconfigure las riberas, que pueda convivir con otras actividades.
Otra preocupación reside en el cuidado del agua. Parece que hay dos mitos en la Argentina socioterritorial: la infinitud del suelo y la del agua. Soy de los que creen que los recursos están para usarse racionalmente. El tema es cómo: la transtemporalidad entre las generaciones, la calidad del Estado que administra la regulación y controla. Una sociedad madura lo tiene que discutir mucho, lo mismo que la distribución de los beneficios y utilidades, que como los recursos son colectivos, tampoco corresponde que las utilidades no se pongan en discusión. Y todo esto tiene que ver con un aspecto  clave en la organización territorial: la convivencia de las actividades económicas.
Nos pensamos como un país de recursos y por ahí existe el temor de que se nos apropien de los recursos naturales. En una frase con la que encabezo mi blog digo que el desarrollo no tiene que ver con lo que uno tiene, sino con lo que se hace con lo que uno tiene.
Otro gran tema territorial es comprender el  fenómeno Brasil en el concierto mundial y qué lugar tenemos que ocupar frente a eso. Hay muchas posibilidades de hacer cosas interesantes en un tándem de beneficios recíprocos.
 
-¿Cómo se insertaría en este contexto la educación?
 
- Deberíamos abordar con una referencia territorial el tema del capital humano. Esto excede al debate de la escolarización, sino que va al del espíritu emprendedor, al sentido cívico, la cuestión de la pertenencia, de construir imaginarios de futuro. El poder público en la Argentina estratégica y estructural tiene que pensar en estos temas. No sólo calificar a los recursos humanos en el saber hacer técnico, sino en que aumenten nuestros niveles de confianza, nuestro capital social, nuestro potencial creativo y relacional, etc.
Pero más que sobre la generación de abogados o ingenieros, el debate educativo tendría que abarcar otras cuestiones. En el mundo se está estudiando cómo impulsar la innovación como un problema público, porque si una economía no es innovadora no capta las mejores rentas de las cadenas de valor. No es un problema de las empresas privadas, sino de los Estados generar en sus territorios dinámica innovadora para poder captar mejor los tramos de mayor rentabilidad en la cadena de valor. Con lo cual si no hay una educación tolerante, creativa, que aliente la segunda oportunidad, que estimule el humor, etc, la posibilidad de innovación es menor. Los índices sobre los que tenemos que operar tienen que destacar las capacidades innovativas, sea de ingenieros, abogados, cineastas.
 
-¿Un ejemplo?
 
-Argentina es el cuarto exportador mundial de formatos audiovisuales sin ninguna política pública promocional (hasta ahora). Esto funcionó y paga salarios de alto valor agregado. Hay que bajarle mucho la lupa a esto. Quizá haya sido un poco por el tipo de cambio, pero hubo seguramente talentos. Por eso, hay que mirar mucho en la base del proceso educativo, entender que las sociedades innovadoras tienen tres características claras:
a)  Son mucho más estables institucionalmente porque la innovación en sí entraña un riesgo y nadie toma riesgo sobre riesgo.
b)  Son más innovadoras las que planifican, porque no se puede ser innovador en todo. Podemos serlo en un conjunto de actividades,  como la producción de proteínas, para hacerlo de modo sustentable, para una mejor dieta mundial. Tenemos estructurada una cadena de valor, lo que está claro que, así como no hay que sobreespecializarse, tampoco hay que sobrediversificarse.
c) Hay que garantizar una educación básica de altísima calidad (esto es más importante aun que la educación universitaria) para garantizar el flujo y el buen uso de la información (verdadero insumo de la economía del conocimiento). El tema no es “innovar”, sino crear cultura innovadora; con todo lo que ello implica: receptiva de la innovación, flexible, crítica. Porque si en un mundo de alta velocidad de circulación de la información, la renta depende de su buen uso..., no es suficiente innovar “ocasionalmente”, sino ser partícipe de procesos innovativos permanentes.
 
Ni especializada ni monotemática
 
-¿Hay un modelo económico que se adapte mejor al concepto de territorialidad? ¿Cuáles son los tiempos que requeriría?
 
-Los territorios desarrollados tienden a tener bases económicas diversificadas, y así conviven el turismo con el agro, éste con la minería, con la industria, y tienen que adecuarse. Todo esto exige un signo de madurez y cuantas más actividades haya más capacidades se requieren para hacerlas funcionar en armonía. Y esto enriquece a las sociedades, conceptualmente, no sólo en  capacidad de producción.
Si una sociedad sabe hacer una sola cosa, es muy pobre, aunque tenga precio por una temporada. Las sociedades desarrolladas resuelven muchas a la vez, con lo cual hay universidades, centros de investigación, complejidades, lenguajes, diálogos, riqueza conceptual que por otro lado se transforma también en riqueza material.
Para llevar adelante un cambio que no sea traumático, precisamos tiempo. Si tuviéramos que hacerlo en una semana afectaría los puestos de trabajo, las economías que están detrás de esto. Si nosotros nos proponemos con la vista en 2025 que las redes troncales ferroviarias funcionen normalmente, lo mismo las hidrovías, que las infraestructuras portuarias sean eficientes, con una dispersión geográfica que no desconfigure las riberas, que pueda convivir con otras actividades, si disponemos de tiempo, podemos hacerlo bien. Pero hay que empezar.
 
 


 Pacto fiscal

 
-¿Cómo jugarían la equidad y eficiencia fiscal en el contexto del que hablamos? ¿Habría que forjar un nuevo pacto fiscal?
 
-La luz naranja de la Argentina es la fiscal. No tenemos dimensión de la década que pasamos. Han sido condiciones difícilmente repetibles: precios internacionales muy altos, tasas de interés muy bajas, arrancamos el ciclo con mucha capacidad ociosa, tipo de cambio competitivo, vencimientos de deuda dilatados en el tiempo, así que se dieron las cinco condiciones juntas. Pero como ningún recurso es infinito, el país necesita un pacto fiscal a muchos fines. El primero es para restañar las heridas políticas de la ciudadanía, para calificar nuestra democracia, tener muy claro los recursos que hay que poner en la canasta común para que el Estado pueda brindar efectivamente servicios públicos de calidad, como debería: servicios públicos igualitarios de calidad hacen a la cohesión social.
Me gustaría que al transporte público lo tome 99% de las personas, que al sistema público sanitario vaya la alta mayoría de las personas por su calidad y lo mismo con el sistema educativo, así como entiendo que pueda haber otros servicios que puedan tener prestaciones diferenciadas o atender  gustos distintos, pero una sociedad más cohesionada es aquella que tiene lugares donde la sociedad se encuentre.
Lo primero a definir en un pacto fiscal es qué tenemos que poner para administrar los recursos  que resuelvan este conjunto de elementos públicos en políticas aglutinantes.
La segunda sería qué nivel del Estado los tiene que administrar. Porque al haber centralizado tanto la recaudación como la gestión de la mayoría de los recursos (hay más de 75% a nivel federal del gobierno), aparte de tensiones entre nación y provincias, lo que se produce es una gran pérdida de creatividad en materia de políticas públicas, contra la diversidad de políticas que podrían emerger de los 2.300 municipios; sucede que el desequilibrio entre recursos y obligaciones lo que genera es que se opera sobre el territorio como si fuera homogéneo.
La tercera cuestión es la equidad, entre sectores sociales y también entre sectores económicos y por supuesto entre espacios geográficos. Por supuesto que puede y debe haber tratamientos diversos, pero debemos hacer explícitas esas consideraciones y, sobre todo, qué promovemos con ellas y cómo medimos nuestro éxito.
No debemos olvidar que las infraestructuras y la fiscalidad operan como organizadores territoriales También hay luces verdes: cuando se produce un proceso de enriquecimiento acelerado (como el de Asia) el cambio de la dieta es casi inmediato y sostenido en el tiempo; así como ahora pasan a las proteínas, en pocos años pasarán a productos más elaborados. Debemos prepararnos para ello. Tenemos desarrollos tecnológicos intermedios muy consolidados
 
-¿Tendría que haber políticas migratorias activas?
 
- Argentina debe proponerse una gran innovación contratendencial, planificada y construida con los actores socio-territoriales. Basada en tres pilares: a) trabajar sobre las causas, b) cuantificar el costo de “corto plazo” de las acciones, c) apoyarlas en “retener” población y atraer inmigración en base a una política explicita, y con un sentido de inclusión plena.
Estamos bajo riesgos demográficos serios: envejecimiento de las zonas centrales de sus ciudades, envejecimiento de sus pequeñas localidades y la emergencia de conurbaciones pobres u muy jóvenes. Si no hacemos nada corremos el riesgo de un horizonte sociodemográfico quebrado.
Así como hay causas, hay posibilidad de respuestas. Argentina puede y debe crear una red de ciudades donde no resulte una pérdida quedarse a vivir y que puedan ser lugares de atracción de emprendedores que buscan nuevos y mejores horizontes. Para ello debe poner en discusión al menos 6 cuestiones:
 a) su fiscalidad: como trata a las distintas actividades económicas asentadas en los territorios, por ejemplo: en este sentido además de discutirse el “quantum” de la presión fiscal al agro, debe discutirse el destino del mismo, ya sea el fortalecimiento de la propia cadena de valor, el desvío a otras actividades agrarias menos competitivas, la formación de un fondo de equilibrio macroeconómico, el subsidio a la población urbana, u otras alternativas e incluso las mixturas que puedan resultar más virtuosas. Lo que no debería suceder es que en el mejor momento de los precios internacionales de nuestros productos de exportación no se logre apalancar el proceso, sin dudas costoso, de cambio de modelo territorial.
 b) Derivado de lo anterior, la política de inversión pública (cuanta inversión, en que rubros, en que lugares, con que finalidad); lo expresado incluso va más allá del volumen de la inversión pública, abriendo el debate en torno de “dónde” y con que modelo de cofinanciamiento entre niveles de gobierno, de modo de impulsar una cultura más responsable y pro-inversión en todo nuestro Estado,
 c) Por supuesto la política de subsidios, que a los efectos de cualquier consideración territorial no puede ser un término demonizado (pero si usado con cuidado y sobre todo con conocimiento de costo y resultado). Es tan lesivo para el futuro territorial una política de subsidios que aliente la concentración territorial como carecer de reflexión de la relación servicios/ ocupación territorial.
 d) La dotación de oferta pública de bienes sofisticados, en especial la oferta universitaria pública y la salud de media y alta complejidad, porque la atractividad urbana no es una cuestión abstracta e incomprensible, sino concreta y evaluable, y sabemos que a paridad de ingresos, las personas prefieren vivir donde los servicios públicos funcionan adecuadamente,
 e) La reticulación del territorio y las vinculaciones interurbanas. La lógica del tiempo y de la conectividad está reemplazando a la lógica de la distancia física; no importa tanto a cuantos kilómetros estoy de un centro referencial, sino en cuanto tiempo puedo acceder de modo seguro y económico a ese centro.
f) Cierta reconfiguración del sistema financiero. En Argentina el flujo financiero es claramente  “centrípeto”, y a lo largo del tiempo se ha profundizado el comportamiento por el cual se captan recursos en toda la geografía nacional, pero se concentra el otorgamiento de prestamos en las áreas metropolitanas, a raíz de dos cuestiones: una mayor formalización económica, y dada nuestra inestabilidad macro se ha generado una cierta propensión a orientar la cartera al préstamo al consumo (corto plazo) y no a la inversión (largo plazo).
 
-¿Y cuán cerca o lejos estamos de juntar esos objetivos?
 
-¿Cuán cerca? No se está frente a un nudo problemático irresoluble, sino a un desafío para generar un acuerdo político de largo plazo, que bien puede ser la plataforma para pensar en términos muy concretos el país que deseamos construir. Es posible evolucionar desde políticas promocionales de alto costo fiscal a nuevas herramientas más sofisticadas. Es posible destinar parte del excedente pampeano recaudado por retenciones a promover sectores agrarios potencialmente muy competitivos y generadores de cadenas de valor largas en zonas relativamente hoy despobladas. Es posible dejar de lado la política infraestructural “de amigos”, y así sucesivamente. Y en ese mismo camino es posible volver a pensar la región metropolitana de Buenos Aires, que obviamente puede (y debe) funcionar mejor y cuyo rol en términos territoriales seguirá siendo central pero deberá ser más virtuoso.
¿Cuán lejos? Pero si se siguen concentrando los subsidios en el área metropolitana, si la inversión pública territorial sólo puede explicarse por el alineamiento político de los gobernadores, si la creación de universidades nacionales no toma en cuenta el factor distancia y se superponen ofertas en lugares atendidos, si las entidades financieras pueden (sin ninguna restricción) tomar ahorro de nuestros pueblos y ciudades pequeñas y medianas para alimentar el consumo de las grandes ciudades,  mientras muchas actividades productivas de largo plazo encuentran cientos de limitaciones para financiarse… sólo nos quedará padecer al mismo tiempo unas pocas ciudades en tensión permanente y al borde del colapso, conviviendo con pueblos demandantes de adecuada atención. Todos disfrutando de menor calidad de vida de la que podríamos. Y lo que es peor, si ese fuera el escenario de un “boom inmigratorio”, el país se vería empujado a tensiones complejísimas.
 

 

 



Es inexorable el renovado desafío fundacional que le tocará revivir en parte a la Argentina. Y la mano invisible del mercado será la encargada de ejecutarlo, justo en tiempos de repudio al neoliberalismo, sino se rescata del desván la demorada discusión sobre las bases de nuestro funcionamiento como sociedad, tanto simbólicas (la calidad de nuestras instituciones, nuestra cultura cívica, etc), como materiales (nuestro orden territorial, nuestra matriz energética, nuestra especialización económica – no restrictiva-, etc).

Nacido en Avellaneda en 1965 y experto en Desarrollo Territorial, Master en Gestión de Ciudades (Universidad de Barcelona) y en Desarrollo-Local (Universidad de Bologna); actualmente se desempeña como profesor (Centro Tecnológico de Desarrollo "Los Reyunos" San Rafael Mendoza) y consultor independiente, Fabio Quetglas participa eventualmente en cátedras de UTN, UBA y UTDT y ha sido capacitador o consultor independiente de organismos en el Banco Mundial, CFI, BID, PNUD, Iica o el Inta.
Qué es el desarrollo local, Territorio, políticas y economía”, es el título de su libro publicado por la editorial Capital Intelectual, colección Claves para todos, dirigida por José Nun, donde en un homenaje a Juan B. Alberdi expone la tesis de que no se podrá seguir transitando el siglo sin acudir a la célebre frase: “Gobernar es…. poblar bien”.
En una extensa charla, Mercado colocó la bola de cristal en forma de globo terráqueo sobre una hipotética mesa de arquitectura y esta es la versión completa. (Una síntesis apareció en la edición de papel de octubre)
-¿Por dónde tiene que empezar un país para planificar el futuro?
-La fascinante tentación de pensar escenarios de futuro puede tener muchas lecturas (políticas, tecnológicas, etc), todas vinculadas entre sí. Sin embargo, es menos usual leer la evolución de las sociedades en clave demográfica y territorial. La historia argentina es una muestra concreta de estas relaciones, y seguramente los próximos años nos abren un panorama apasionante en esta materia.
Poner en evidencia las relaciones existentes entre plataformas tecnológicas, políticas públicas, organización territorial, evolución demográfica y modelos de desarrollo implicaría tratar de imaginar escenarios futuros.
Argentina es un país tempranamente urbano: lo concretó de manera acelerada a principios del XX, lo cual habla de un proceso que conjuga la capacidad de producir bienes agrarios con una tasa de eficiencia alta, que no requería tanta mano de obra, y la emergencia de una industria que podía pagar salarios más altos y era atractora de recursos humanos.
El mundo hoy se encuentra en un proceso de urbanización intensiva y explosión demográfica, con tasas de crecimiento demográfico que casi duplican las de principios de siglo XX.
Probablemente el dato demográfico más importante para la Argentina, un país relativamente estable en tal sentido, es exógeno: está aumentando de manera significativa la tasa de migración mundial, principalmente impulsada por: a) los diferenciales de desarrollo y calidad de vida entre territorios, b) el volumen de información disponible sobre la situación en distintos lugares del mundo, c) porque los migrantes disponen de redes de pertenencia que les facilita el tránsito entre los territorios, d) porque aún en un mundo muy incierto e inseguro, crece un consenso universal de derechos básicos para los migrantes y e) porque cada vez más personas pobres de distintos lugares del mundo disponen de algún “excedente” que les permite la movilidad.
Por ejemplo, países de Africa o Asia, cuyo propio “boom económico”, entre otras cosas, permite a los pobres hacerse de recursos para moverse. Una paradoja: con su dinamismo económico, al mismo tiempo, son receptores y también expulsan población, porque la mejora del ingreso es para personas muy postergadas, como también financiamiento de su movilidad.
Digo esto porque es difícil controlar los flujos humanos y porque, bien administrada, esta situación puede ser una oportunidad para la Argentina, a pesar de los temores que despierta este hecho.
-¿Cuál sería la situación demográfica en el mundo?
-Europa ha dado un salto en el contexto demográfico controlado. Italia y Francia registran cambios mínimos entre 1960 y 90. América latina, en cambio, tuvo un fuerte desarrollo y enormes cambios demográficos tras la Segunda Guerra, con una explosión urbana en los ´50, seguida de enormes transformaciones demográficas. Una cosa es ver un paisaje y otra es que esté bien cuidado y que sea sostenible en cuanto a su ambiente. El Rhin es un buen ejemplo.
No hay un modelo de desarrollo urbi et orbi, no es lo mismo una Honduras que una Dinamarca. Sólo se abren espacios de creatividad, de calificación de los recursos humanos en el área urbana, como fue el caso de San Pablo.
Podemos aprender de Silicon Valley o de Israel pero eso no significa adquirir la épica de la construcción desde el Estado ni la voluntad colectiva para ejecutarla. Israel tiene frente a sí el mar, igual que Carmen de Patagones, y cualquier similitud topográfica no garantiza los trasplantes: el espacio tiene que ser dotado de sentido.
-¿Qué es la teoría del desarrollo?
-La teoría del desarrollo estudia fenómenos distintos al fetichismo (culto de las cosas) de contar bienes y servicios para ver si es más productiva.
-¿A qué denomina culto de las cosas?
- ¿Cuál sería el más desarrollado entre un país que logra bajar 10 % de las muertes por cardiopatitis poniendo el acento en la salud, en comparación con otro que llega al mismo resultado pero haciendo que la gente camine 30 millas y coma ensaladas?
En el primero se aumenta la sofisticación para producir más y privilegiar el culto de las cosas, en el segundo, para satisfacer más necesidades. La tasa de inversión se mide por la calidad de vida.
-¿Qué opina de la experiencia china?
-China es un caso especial de desarrollo porque dio un salto de alta complejidad, de desafío a la innovación. Decidieron desarrollar I+D para remplazar la copia por inteligencia propia en un proceso de centralidad económica, de exigencia productiva, cuidado de los recursos y de su distribución, y de necesidad de reducir la tasa de conflicto. De la plataforma tecnológica industrial de base eléctrica (del off: prender y apagar) que requería baja calificación laboral se pasó a la plataforma de Internet, que es interactiva, y permite que un programa viaje a través del espacio sin pasar por los territorios.
Aplicar tecnología a los recursos para hacerlos interactivos necesita de una elevada calificación laboral básica que apalanque el crecimiento de la tasa de aprovechamiento de la interactividad a fin de lograr la innovación, lo cual no significa crear una cultura innovadora, sino adaptarse a la innovación, como hacen las organizaciones estructurales como Google, cuya supervivencia depende de la tasa de aprovechamiento de la interactividad.


 Fronteras

 
-¿El enfoque de un cambio en esta parte del continente debería ser nacional solamente o regional?
 
-Las movilidades deberían abrir un debate sofisticado en el Mercosur y la Unasur; porque  la forma de evitar migraciones extractivas de recursos humanos de un territorio sobre otro es creando espacios económicos de cohesión, o sea, en Europa la gente dejó de migrar entre los países del continente cuando la ex CEE construyó condiciones de ciudadanía más o menos equivalentes. Entonces, los españoles dejaron de ir a Bélgica o Alemania, y los italianos a Suiza, porque se vivía más o menos parecido a partir de los ´60 en Italia  y de los ´80 en España que en aquellos países.
En tal caso, es un tema para pensar en términos regionales, dado que un verdadero espacio económico ampliado no deja de ser una oportunidad clara para desplegar estrategias ganar-ganar. Hoy, en el caso argentino, los  migrantes llegan al área metropolitana de Buenos Aires, Rosario y Córdoba,  donde también migran los pobres de las provincias argentinas (del NEA y NOA) por las mismas condiciones, desempleo y sub-atención  en términos de servicios públicos....
De modo que la situación es la misma frontera adentro o afuera, lo cual nos lleva al tema del desarrollo territorial.
 
-¿Qué podríamos considerar que hizo Argentina en esa dirección?
 
- Argentina no ha desplegado (ni ahora ni antes) un gran menú de políticas que tomen en cuenta ni la evolución demográfica ni la heterogeneidad territorial.
 
Redes de ciudades
 
-¿Cómo podría hacer Argentina para pasar de un esquema territorial absolutamente desequilibrado como el actual a otro que disemine un centenar o dos de ciudades dentro de una red que privilegie una alta calidad de vida?  Como por ejemplo, tener entre 100 y 200 ciudades de 50  a 300 mil habitantes, con escala para disponer de servicios públicos altamente calificados como medicina de alta complejidad, universidad,  bien conectados, con infraestructuras adecuadas, con una base económica competitiva y con alta calidad de vida…
 
-Creo que podría hacerse si nos pusiéramos a discutir los factores determinantes de los resultados territoriales, porque lo que pasa en el territorio es una consecuencia, y por debajo hay causas. Si se generan adecuados estímulos, instituciones bien diseñadas,  inversión en infraestructura adecuada y tiempo, el territorio va a expresar esos cambios con mutaciones relevantes.
Uno podría poner como ejemplo de estas relaciones causa/resultado que si los servicios públicos de los sectores de más bajos ingresos constituyen una parte de sus erogaciones y está subsidiada en el área metropolitana y no en las ciudades medianas y pequeñas (estímulo para que las personas vivan en estos conglomerados). Si se crean universidades nacionales donde ya existe oferta es probable que genere estímulos para que la gente se radique ahí, y así sucesivamente, o si el sistema financiero toma recursos en las zonas ricas del interior y presta en las áreas metropolitanas.
Nos damos cuenta que: lo territorial es un resultado. Esto es lo importante. La mejor forma de ordenar el territorio es pensarlo como un resultado y no como una causa. En muchas decisiones se condiciona la evolución territorial y luego la territorialidad resultante –obviamente- condiciona las políticas (ese es el lamentable proceso de concentración de poder político territorial en Argentina). La globalización es un resultado territorial de una enorme transformación en la base económica. Las TIC facilitan los procesos de  especialización productiva y con ello la reorganización a escala planetaria de la economía. No puede entenderse el actual proceso acelerado de urbanización sin entender los cambios en la base tecnológica.
 
-Pero a escala global lo que sucedió en los últimos 20 años fue un salto exponencial de la productividad. La emergencia de la tecnología de la comunicación y la información produjo un aumento tremendo de la productividad… 
 
-Es sólo comparable en la historia de la humanidad con el salto que produjo la aparición de la industria… pero se tardaron 150 conflictivos años en encontrar el modelo de gobernabilidad de la distribución de esos beneficios, hasta que se diseñó lo que hemos llamado el Estado de bienestar: captar una parte de la renta industrial  y construir la ciudadanía social.
Aún no se descubrió el modelo de gobernabilidad de la renta en la economía posindustrial o del conocimiento (el debate sobre la propiedad es un enfoque anómalo de dicho problema). El industrialismo tenía como correlato un modelo de organización territorial que era el Estado Nacional;  entonces se captaba parte de la renta industrial para financiar el funcionamiento del Estado, el cuidado de las fronteras, las relaciones exteriores, los servicios públicos. El sujeto histórico impulsor de la conformación de los Estados Nacionales (tal cual hoy los conocemos) han sido las burguesías industriales (nacionales) que –obviamente- entendían que el Estado Nacional era funcional a sus intereses: regular la competencia en el mercado interno, proteger su mercado, conquistar otros.
Ese modelo va quedando desplazado (es un proceso). No es que el Estado Nacional esté en vías de extinción…. sino de cambio de rol; quizás la organización de la dinámicas territoriales y la articulación de los otros niveles del “nuevo estado red” aparezca en la prioridades futuras de los Estados nacionales.
El mundo ha cambiado. Va a traer cambios territoriales, como los tuvo el industrialismo. La respuesta no va a ser homogénea, pero con claridad ya se advierte la centralidad en importancia de la gestión adecuada de lo local y de las áreas de aglomeración altamente significativas en materia económica. Los territorios de la economía del conocimiento pueden ser muy diversos, pero sin duda todos serán hiperconectados, tendrán entre sus prioridades la cohesión social (y la baja tasa de conflictividad), la seguridad de las transacciones, etc. No pensar la calidad del entorno local es abandonar la reflexión sobre la territorialidad en la que debe expresarse la economía del conocimiento.
 
Anteproyecto
 
-¿Cuáles serían las claves para la Argentina “territorial” en esta economía del conocimiento?
 
-Sólo hay actualmente un anteproyecto de ordenamiento territorial, que es  intelectualmente serio en el sentido de que hay un esfuerzo para ordenar, pero que pone el énfasis en el aspecto ordenatriz del territorio. Hay muchos lugares en los que la gente no puede obtener su radicación, porque no hay suelo urbano suficiente para hacer accesible la vivienda, e intentar resolver eso está muy bien.
Hay otro enfoque que es ver al territorio como resultante de un fenómeno socioeconómico que pasa por debajo. Ejemplo, como El Calafate tiene aeropuerto internacional,  puede ser el fenómeno de turismo a escala global que hoy es. Probablemente tenía hace 30 años igual belleza que la actual, pero la escala de recepción con una conectividad internacional aumenta.
Una infraestructura, un tratamiento fiscal, o una dotación de recursos humanos son tan organizadores de territorio como un plan de ordenamiento territorial: éste está más en el epifenómeno de la disponibilidad de suelo, los frentes de los lotes, yo estoy pensando en el territorio como dinámica, como espacio donde ocurre la actividad económica, la organización social y la institucionalidad.
Hay que tener claro que en los 10 años pasados algunas actividades económicas no se pudieron desplegar por debilidad de oferta de recursos humanos en muchos lugares de Argentina, por ejemplo. Debemos pensar cómo operan los incentivos para organizar el territorio de una manera sensata.
 
-¿Qué tendría que suceder para que la territorialidad entre en la agenda política?
 
-Argentina no atiende adecuadamente sus áreas metropolitanas, donde está viviendo el 70/75 % de la población con problemas específicos por el plurimunicipalismo, las dificultades que tiene la gobernabilidad de los temas con competencias concurrentes, como la basura, el acceso, el tráfico…. la descompensación de los servicios entre las ciudades centrales y sus áreas periféricas; ahí hay una cuestión de eficiencia y desigualdades que es donde ocurre gran parte del producto bruto.  No hay fortalecimiento adecuado de los gobiernos locales y se sigue creyendo en la economía como un fenómeno exclusivamente macro o sectorial y nunca como un fenómeno territorial.
El tema no está en la agenda... y por lo visto no parece que vaya a estar, sino cuando haya sensación de crisis. Hay muchas formas para construir la agenda pública: lamentablemente para el género humano, la más importante son las crisis.  Estalla el Fukushima sobre una franja geológicamente inestable, es una central nuclear, y se vota la cesación de las plantas nucleares en Alemania.
La situación de la organización socioterritorial en Argentina va a entrar en la agenda por crisis.
 
 

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