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Los desafíos demográficos no se resuelven con versiones estadísticas

El libro “Encrucijadas en la Seguridad Social Argentina: reformas, cobertura y desafíos para el sistema de pensiones”, editado por CEPAL y OIT, demuestra que a lo largo de la historia se pronosticaban desequilibrios demográficos, que como el yin y el yan la realidad económica y social terminó alineando.

lun 12 de noviembre de 2012
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El economista profesor de la UBA, Carlos Grushka, escribió en diciembre de 2011, junto con Fabio Bertranou, Oscar Cetrángolo y Luis Casanova el libro “Encrucijadas en la Seguridad Social Argentina: reformas, cobertura y desafíos para el sistema de pensiones”, editado por CEPAL y OIT, donde demuestra que a lo largo de la historia se pronosticaban desequilibrios demográficos, que como el yin y el yan la realidad económica y social terminó alineando.

-El envejecimiento poblacional que surge del censo ¿anuncia una especie de Apocalipsis previsional y de la salud?

-Hace 50 años que se vino anunciando una explosión demográfica, que no iban a alcanzar los alimentos para esa demanda y que proliferarían en el mundo los conflictos sociales por la distribución desigual del ingreso. Y siempre terminó imponiéndose el equilibrio.
Ahora vino la cuestión del envejecimiento: se proyecta que se duplicarán los abuelos ante una mayor expectativa de vida y que simultáneamente nacerán menos chicos, con lo cual la pirámide previsional se ensanchará en la cúspide o se angostará en la base…
-Y ¿no son esos datos suficientes para ser cuanto menos pesimistas?
-Pero si tomamos desde 1950, vemos que, a pesar de todas las predicciones, se mantuvo pareja la curva de crecimiento entre la población mayor a los 65 años (que en 60 años pasó de 4 a 10 %), mientras la que mide la relación de dependencia adulta, que toma la proporción de activos (entre 20 y 50 años) respecto de los pasivos que tendría a cargo, pasó en el mismo lapso de 8 a 20 %.
En el ínterin, la tasa de fecundidad, que en la posguerra y guerra fría se mantuvo estable, en los años 70 registra un pico ascendente hasta llegar a 3,5 hijos por mujer por el sobredimensionamiento que se hizo del proceso de recuperación que se producía en el mundo, y en los ´80 empieza a caer hasta descender a 2 en las proyecciones de Naciones Unidas al 2020.
Sin embargo, las tendencias demográficas que se trazan desde 2010 tienen la particularidad de “ensuciarse” debido a que se combinan con una alta volatilidad de las variables económicas.

-¿Por ejemplo?
-Y que Europa bajó su tasa de fecundidad a un hijo por pareja, lo cual descompensa en la región el cálculo de relación de dependencia de adultos de más de 65 años respecto de los de 20 a 50, pero la compensación vendrá por el lado de la migración. Además hubo otras reacciones: Francia por ejemplo recuperó, Alemania bajó algo y Austria aceptó migrantes para no disminuirla. Otros países fomentan una mayor fecundidad.
Naciones Unidas cambia cada dos años los grupos poblacionales en función de las realidades que va captando. Se creía que el desarrollo global aumentaría las desigualdades, lo mismo que éstas presionarían aún más sobre la fecundidad, pero sucedió que ésta no baja de 2, se crece y se disminuye, como sucedió con Francia. Pero de todos modos, Europa tomando 100 años, no se aparta de la curva general de envejecimiento, que se proyecta desde 4 % de la población en 1950 a 20 por ciento en 2050, o sea que entonces uno de cada 5 habitantes sería mayor de 65 años.
Es una clara demostración de que los desafíos demográficos no pueden resolverse según las versiones estadísticas, sean optimistas o pesimistas.
-¿Cuáles serían las más negativas?
-Las que, por caso, pronosticarían que el envejecimiento de la población producirá el aumento de los costos previsionales más los potenciales de salud, que nacerán menos chicos y la sociedad tendría que remplazar escuelas por geriátricos. La otra cara de la moneda mostraría que también la menor cantidad de chicos en el sistema de salud compensaría en parte los mayores costos de los mayores de 65 años; que habría que ver cuántos serán los trabajadores activos que atenderán a los pasivos, siendo que en cuatro décadas la proporción se mantuvo relativamente estable.
La pirámide poblacional se angostó en la base, se ensanchó en la cúspide y en el medio se mantuvo ancha. El bono demográfico, las edades activas más crecen, los trabajos eran más riesgosos, de base agrícola, abarcaban de 15 a 60 años.
-¿Más que de adultos mayores y jóvenes, no cabría analizar la clase activa versus la pasiva?
-Claro. La clase activa puede crecer por el lado de los ingresos más que por las edades, así sucedía también cuando la tasa de fecundidad no había bajado. La tendencia es parecida. En el actual período no se modificó el llamado índice de dependencia adulta, que es la relación entre el porcentaje de la población entre 20 y 50 años con respecto al mayor de 65 años.
Si bien en los años 50 estos últimos se enfermaban más y parecía que estaban en una etapa casi terminal. Ahora hay un buen estado de salud que abre otras expectativas y por ejemplo, en la Universidad de Buenos Aires hay profesores que no quieren jubilarse sino sólo reducir horas de cátedra. Tienden a buscar mejores condiciones de vida, de vejez, porque probablemente no sienten que estén en una antesala del final. Ya la gente no hace trabajos físicos que demandan un desgaste corporal, como en tiempos pasados, sino que las computadoras alivianaron las tareas y además se aplican cada vez más prácticas saludables en alimentación y ejercicios, que estiran los años de vida.
-Tampoco, en ese caso, sería una regla que a los 60 las mujeres y a los 65 los hombres dejen de producir…
-Hay una mayor proporción de viejos que pueden seguir trabajando, con lo cual la mayor parte del gasto en atender la salud se concentra en los últimos años de vida, que es cuando se juntan las enfermedades. A los que viven más de 70 a 80 años, el gasto en salud se les amontona en los dos últimos años. Así interesaría únicamente a dos de los 15 años de la pasividad, lo cual abarata en gran medida el costo integral en salud. Claro que están los otros casos, donde no hubo aportes y la persona está en malas condiciones de salud.
-¿De qué dependerá el mejoramiento?
-De cómo se organice la sociedad. En Europa se incluye el cuidado de los adultos mayores en el régimen de licencias laborales, igual que lo tiene la maternidad. O sea se cuida al bebé y al abuelo. En el empleo se hace hincapié en la distribución. En Francia se amplió de 35 el límite de horas de trabajo. Lo que se hacía con un solo puesto sobreexigiendo ahora se cubre con dos, otros se complementan y aparte están los montos por accidentes de trabajo. La jubilación es como un retiro laboral. Los logros en el mundo se identifican con grupos y preferencias, y por eso se van planteando las disyuntivas: sanos contra enfermos, viejos versus jóvenes, pobres versus ricos, y otros serían: negros contra blancos, unas religiones contra otras. En Argentina estas dicotomías aún no están tan marcadas.
La liberación de los contratos laborales es otra de las tendencias pero no se pone en práctica porque haría subir los costos, se ve más el tipo de trabajo que las horas.
-¿Cómo jugaría la migración en este contexto?
-También Argentina históricamente ha sido hospitalaria con los inmigrantes y en las últimas corrientes predominó el servicio doméstico o los menos especializados, como los vinculados a la construcción, que requieren de menor capacitación. Mediante las políticas y legislaciones se busca que los migrantes tomen posiciones que los nativos no cubren. Hay que ver qué desea la sociedad. Antes la agricultura absorbía más mano de obra intensiva que ahora: cosechar limones no es lo mismo que soja.
Los actores hoy son los mismos pero cambiar productos por tecnología no sería tan problemático. Pero los desarrollos tecnológicos reducen la cantidad de actores por cada producto sin afectar el equilibrio de la producción versus el sostén de los adicionales, debido a que determina un aumento de la productividad. Así, hay que ver primero si alcanza y luego si se realiza.
El envejecimiento plantea de un modo visible las dificultades para que esa mayor productividad alcance a cubrirlo, del mismo modo que lo haría por sí solo el crecimiento de la población. Requiere, además de aumentar la productividad, mejor redistribución, una mejora en la salud y más tiempo de dedicación, porque las necesidades de los que no trabajan son mayores.

-Si el equilibrio se impuso siempre sobre las proyecciones demográficas, ¿para qué hacerlas?
-Mal haría una sociedad en ignorar el fenómeno demográfico. Se trata de un desafío que obliga a repensar alguna cosa. En todo caso, no hay que sacar conclusiones definitivas extrapolando datos y proyectándolos. Una alternativa previsional para los años previos a la jubilación sería implementar un esquema de retiros o flexibilidad, que coordine el retiro con el trabajo. Otra sería una mezcla de trabajo con jornada laboral que combine puntos y horas.
-¿Qué dicen los políticos frente a esta clase de desafíos futuros?
-La agenda política está preocupada por el corto plazo. Desde 2010 fue creada por ley una organización que se ocupó del censo y debería fijar un ámbito de discusión del sistema previsional. En el Ministerio de Educación se quejan de que muchos maestros no están al frente de sus cursos porque tomaban licencias, lo cual recargaba el presupuesto por las suplencias pero por otro lado disminuía el gasto previsional; a otros los jubilaron tempranamente y se dio el caso inverso. Son las dos caras de la misma moneda.
-¿Es un castigo el recambio de función para mejorar las utilidades?
-El equilibrio tiene que llevar a que no haya mentes sin voz, pero tampoco voces que impidan agregar valor. En el corto plazo, Argentina adoptó medidas permisivas, otras que se encuentran en evaluación son más flexibles porque permiten atender caso por caso. Se viene de 20 años de ajustes y 10 años después tenemos que mirar 30 más hacia adelante.
-¿Hay que estar alertas por sorpresas?
-No se ve nada distinto a lo esperado interpolando las proyecciones de ONU hasta 2050 e inclusive 2100, por lo que podría afirmarse que de 2025 a 2050 se cumplirá la tendencia prevista. Hasta 2040 aproximadamente se irá jubilando la generación de los ´70 cuya tasa de fecundidad era relativamente alta y recambiará con la de los ´80, que registró un descenso cuya curva aún se mantiene. El punto de inflexión se daría con los nacidos en 1975 que pasarían al régimen pasivo en 2040, y a partir de ahí se acelera aunque levemente la curva de envejecimiento.
-¿Cómo será cumplir con la expectativa de vida de 80 años para esos tiempos? ¿Con la integración social, ambiental, la medicina, los descubrimientos de vacunas, la vida sana, la asistencia personal familiar y la especializada…?
-Históricamente, los indicadores que vinieron acompañando serían: control de enfermedades infectocontagiosas, cardiovasculares, respiratorias, HIV entre las recientes, las gripes, los accidentes de tránsito, etc. La mortalidad castiga a los más pobres y a cualquier planificador le resulta difícil prevenir las consecuencias que traerá la violencia, pero sí debe aceptar que está presente.
En Argentina aún las mujeres viven más que los hombres, precisamente, porque al repartir su tiempo con la atención del hogar y los hijos, están menos expuestas que el hombre a muertes violentas, homicidios, accidentes, que son típicas contingencias callejeras. De todos modos, en porcentajes, apenas están 51-49, cuando por ejemplo en Europa de la posguerra la proporción era 60-40.
Las proyecciones demográficas son corregidas por los desvíos que se calculan, que en este caso estarían dentro del estándar y, por lo tanto, no alterarían demasiado el promedio. Sin embargo, hay que tener en cuenta las dispersiones y así, en Tierra del Fuego, casi no hay diferencia en la relación entre fecundidad y envejecimiento, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires ésta última alcanza a 20%. Las distintas realidades y problemáticas se aprecian también en la estadística de envejecimiento abierta por regiones: en tanto que la media mundial es de 8 %, en Africa es de 4 % y en Europa de 16 %. Argentina está en la mitad de ambos extremos. Borgeux Pichat afirma que por el incremento de la expectativa de vida conviven entre tres y cuatro generaciones, lo cual queda de manifiesto cuando el abuelo cuida al bisabuelo.

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