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Competitividad, desafíos en el futuro de la economía global

El estudio anual del Foro Económico Mundial sobre la economía global, se encuentra, sobre este tema, con un panorama radicalmente alterado por el impacto de la Cuarta Revolución Industrial. En el nuevo marco de competitividad, la economía estadounidense es la que más se aproxima a la "frontera", seguida de Singapur, Alemania, Suiza y Japón

jue 18 de octubre de 2018
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Competitividad, desafíos en el futuro de la economía global

La nueva metodología del Informe de Competitividad Global también ofrece perspectivas relativas a la preparación de las economías para el futuro, el capital social, el legado de los negocios disruptivos y las inquietudes sobre la deuda, entre otros indicadores Acceda aquí al informe completo, las infografías y más. 

 La naturaleza cambiante de la competitividad económica en un mundo cada vez más transformado por las nuevas tecnologías digitales está creando un nuevo conjunto de desafíos para gobiernos y empresas, que colectivamente corren el riesgo de ejercer un impacto negativo en el crecimiento futuro y la productividad. Este es el resultado clave que se desprende del Informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, que se acaba de publicar.  

Según el informe, que en 2018 utiliza una metodología totalmente innovadora para capturar por completo la dinámica de la economía global en la Cuarta Revolución Industrial, muchos de los factores que tendrán más impacto a la hora de impulsar la competitividad en el futuro jamás han sido el eje de decisiones políticas importantes con anterioridad. Entre ellos se incluyen la generación de ideas, la cultura empresarial, la apertura y la agilidad. 

La nueva herramienta cartografía el panorama de competitividad de 140 economías a través de 98 indicadores organizados en 12 pilares. Para cada indicador, en una escala de 0 a 100, indica el grado de proximidad de una economía al estado ideal o la "frontera" de competitividad. Al combinar estos factores, Estados Unidos obtiene el mejor rendimiento global con una puntuación de 85,6, por delante de Singapur y Alemania. La puntuación media a nivel mundial es de 60, a 40 puntos de la frontera. 

 Un aspecto unificador entre las economías más competitivas del mundo es que todas presentan un margen considerable de mejora. Por ejemplo, mientras que el índice de competitividad global del informe determina que Singapur es la economía más "preparada para el futuro", va a la zaga de Suecia en cuanto a población activa digitalmente capacitada. Por otro lado, Suiza es el país que cuenta con la mano de obra más efectiva en términos de políticas de recualificación y reciclaje profesional y las empresas estadounidenses son las que están en condiciones de adoptar los cambios más rápidamente.  

Uno de los resultados más preocupantes del informe es la relativa debilidad generalizada en el dominio del proceso de innovación, desde la generación de ideas hasta la comercialización de productos. Aquí, 103 países puntúan por debajo de 50 en esta área del índice que está encabezado por Alemania, seguido de Estados Unidos y Suiza. El informe pone de relieve que la actitud hacia el riesgo empresarial es la más positiva en Israel y tiende a ser negativa en varias economías del este de Asia. Canadá cuenta con la mano de obra más diversa y la cultura empresarial de Dinamarca es la menos jerárquica, ambos factores críticos para impulsar la innovación. 
 

"La adhesión a la Cuarta Revolución Industrial se ha convertido en un factor determinante para la competitividad. Con este Informe, el Foro Económico Mundial propone un enfoque para evaluar el desempeño de los países en relación con este nuevo criterio. Preveo una nueva brecha global entre los países que entienden las transformaciones innovadoras y los que no. Solo aquellas economías que reconocen la importancia de la Cuarta Revolución Industrial serán capaces de brindar mayores oportunidades a su gente", declaró Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial.

 

La apertura, con la inclusión

 

En un momento marcado por unas tensiones comerciales crecientes y por una reacción contra la globalización, el informe también revela la importancia de la apertura para la competitividad. Por ejemplo, aquellas economías que rinden según unos indicadores que denotan apertura, como barreras arancelarias reducidas o inexistentes, facilidad de contratación de mano de obra extranjera y colaboración en la solicitud de patentes, entre otras cosas, también tienden a demostrar un buen rendimiento en términos de innovación y eficiencia del mercado. Este dato sugiere que la salud económica global se vería afectada positivamente por un retorno a una mayor apertura e integración. Sin embargo, es crítico que se implementen políticas para mejorar las condiciones de los colectivos perjudicados por la globalización en los países. 

 

El informe también presenta un argumento de peso en virtud del cual las políticas redistributivas, las redes de seguridad, las inversiones en capital humano, así como una tributación más progresiva dirigida a abordar la desigualdad, no necesitan comprometer los niveles de competitividad de una economía. Sin un equilibrio inherente entre competitividad e inclusión, es posible mostrarse favorable al crecimiento y ser inclusivo al mismo tiempo. Por ejemplo, los trabajadores de las diez economías más competitivas del Índice trabajan una media de cinco horas menos a la semana que los trabajadores de tres economías BRIC: Brasil, India y Rusia, para los cuales se dispone de datos sobre el tiempo de trabajo.   

Un mensaje clave del informe es la necesidad de adoptar un enfoque amplio para aumentar la competitividad: un rendimiento sólido en un área no puede compensar un rendimiento débil en otra. Esto es especialmente cierto por lo que respecta a la innovación: si bien es verdad que una marcada orientación a la tecnología puede brindar grandes oportunidades a los países de ingresos bajos y medios, los gobiernos no deben perder de vista los "antiguos" problemas de desarrollo, como la gobernanza, la infraestructura y las capacidades. En este sentido, un factor preocupante que arroja el Índice de este año es el hecho de que, en 117 de las 140 economías encuestadas, la calidad de las instituciones sigue siendo un lastre para la competitividad general. 

"La competitividad no es una competición ni un juego de suma cero: todos los países pueden llegar a ser más prósperos. Con oportunidades para dar un salto económico, la difusión de ideas innovadoras a través de las fronteras y nuevas formas de creación de valor, la Cuarta Revolución Industrial puede nivelar el campo de juego para todas las economías. Sin embargo, la tecnología no es una fórmula mágica por sí sola. Los países deben invertir en recursos humanos e instituciones para cumplir la promesa de la tecnología", declaró Saadia Zahidi, miembro de la Junta Directiva y Directora del Centro para la Nueva Economía y Sociedad.   

 

Aspectos regionales destacados

 

Con una puntuación de 85,6 sobre 100, Estados Unidos es el país más próximo a la frontera de competitividad. En particular, lidera el pilar del dinamismo empresarial, gracias a su vibrante cultura emprendedora, el pilar del mercado laboral (puntuación de 81,9 sobre 100) y pilar del sistema Financiero (92,1). Estos se cuentan entre algunos de los factores que contribuyen a que el ecosistema de innovación estadounidense sea uno de los mejores del mundo (86,5, 2º detrás de Alemania). El marco institucional del país también se mantiene relativamente sólido (74,6, 13º). No obstante, hay indicios de un debilitamiento del tejido social (63,3, desde 65,5) y un empeoramiento de la situación de seguridad (79,1, 56º) —Estados Unidos presenta una tasa de homicidios cinco veces superior a la media de las economías avanzadas.

Está lejos de la frontera en áreas tales como mecanismos correctores (76,3, 40º), independencia judicial (79,0, 15º) y corrupción (75,0, 16º). El país también está rezagado con respecto a la mayoría de las economías avanzadas en el pilar de la Salud, con una esperanza de vida con buena salud de 67,7 años (46º), tres años por debajo de la media de las economías avanzadas y seis años menos que Singapur y Japón. Por último, la adopción de las TIC es relativamente baja en comparación con otras economías avanzadas, incluyendo aspectos como las suscripciones de banda ancha móvil y los usuarios de Internet. Con una puntuación de 71,2, Estados Unidos se sitúa por detrás de Corea con 20 puntos menos.  

Además de Estados Unidos, otras de las diez principales economías del G20 incluyen Alemania (3º, 82,8), Japón (5º, 82,4) y Reino Unido (8º, 82,0). Los resultados del G20 son muy dispares. Casi 30 puntos y 80 niveles separan a Estados Unidos de Argentina (81º, 57,5), la economía del G20 con peor rendimiento. 

Singapur ocupa el segundo lugar en los rankings generales (puntuación de 83,5), con la apertura como la característica definitoria de este centro de comercio global y uno de los principales impulsores de su éxito económico. El país también lidera el pilar de la infraestructura, con una puntuación casi perfecta de 95,7, gracias a su infraestructura de transporte y conectividad de clase mundial. 

Aparte de Singapur y Japón, la región administrativa especial de Hong Kong (7º, 82,3) es la tercera economía de la región de Asia oriental y el Pacífico que figura en el "top ten", lo que confirma la opinión generalizada de que el impulso de crecimiento global en la región durará. Estas tres economías disponen de infraestructura y conectividad física y digital de categoría mundial, estabilidad macroeconómica, importante capital humano y unos sistemas financieros perfectamente desarrollados.

Australia (14º, 78,9) y Corea (15º, 78,8) figuran entre los 20 primeros. La mayor divergencia en esta región radica en el desarrollo de un ecosistema de innovación: Nueva Zelanda ocupa el puesto 20 en el pilar de Capacidad de innovación, mientras que la República de Corea se sitúa en octava posición. Los mercados emergentes como Mongolia (99º, 52,7), Camboya (110º, 50,2) y la República Democrática Popular Lao (112º, 49,3) solo están a medio camino de la frontera, lo que los hace vulnerables a un impacto repentino, como un aumento más rápido de lo esperado de los tipos de interés de las economías avanzadas y una escalada de las tensiones comerciales. 

De la agrupación de países BRIC de los grandes mercados emergentes, China es el más competitivo, con 28 puntos en el Índice de Competitividad Global y con una puntuación de 72,6. Le sigue Rusia, que ocupa el puesto 43. Éstos son los únicos dos que aparecen en el "Top 50". A continuación está India, que ocupa el lugar 58, subiendo cinco puestos en 2017: con una puntuación de 62, registra el mayor incremento con respecto a cualquier país del G20. A India le sigue Sudáfrica, que cae cinco puestos este año hasta ocupar el 67. Y en último lugar está Brasil, que baja tres puestos hasta el 72.

Europa se compone de un noroeste muy competitivo, un sudoeste relativamente competitivo, una región noreste creciente y un sudeste rezagado. Pese a la continua fragilidad de los recientes cambios políticos, los factores básicos de competitividad del continente, como la salud, la educación, la infraestructura y las capacidades, están firmemente instaurados. Suecia (9º, 81,7) es el mejor clasificado de las economías nórdicas, mientras que Francia (17º, 78,0) figura en el "top 20". Las mayores disparidades en la región se manifiestan en los ecosistemas nacionales de innovación, ya que los países de Europa del Este y los Balcanes carecen de infraestructuras básicas de innovación, mientras que países como Alemania y Suiza marcan los estándares globales en términos de innovación. 

Chile (33º, 70,3) lidera por un amplio margen la región de Latinoamérica y el Caribe, situándose por delante de México (46º, 64,6) y Uruguay (53º, 62,7). Venezuela (127º, 43,2) y Haití (138º, 36,5) cierran la lista. La competitividad de la región sigue siendo frágil y podría verse amenazada por una serie de factores, entre los que cabe citar un mayor riesgo de proteccionismo comercial en Estados Unidos; las repercusiones de la crisis económica y humanitaria de Venezuela; la incertidumbre política a raíz de las elecciones en las mayores economías de la región y las perturbaciones derivadas de las catástrofes naturales que amenazan al Caribe. La inseguridad y la debilidad de las instituciones representan dos de los mayores desafíos para la mayoría de los países.  

El rendimiento de la competitividad en Oriente Medio y el Norte de África sigue siendo dispar, con Israel (20º, 76,6) y los Emiratos Árabes Unidos (27º, 73,4), que lideran el camino en la región. Arabia Saudí ocupa el puesto 39 con una puntuación de 67,5 sobre 100. El hincapié en la conectividad intrarregional, en combinación con las mejoras en la disponibilidad de las TIC y la inversión en capital humano, mejorarían la capacidad de la región para innovar, fomentando el dinamismo empresarial y aumentando su rendimiento competitivo.

Diecisiete de las treinta y cuatro economías del África subsahariana estudiadas se encuentran entre las 20 peores, y la media de la región (45,2) la sitúa a menos de mitad de camino de la frontera. Mauricio (49º, 63,7) encabeza la región, por encima de Sudáfrica y a una distancia de casi 30 puntos y 91 posiciones de Chad (140º, 35,5). Kenia ocupa la 93ª posición, con una puntuación de 53,7 mientras que Nigeria se sitúa en el puesto 115, con una puntuación de 47,5 sobre 100. 

 

 

 

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