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Recomendación del Editor

Sobre cómo maximizar el potencial de una persona

Es una modalidad que empezó a popularizarse hace muy pocos años y que gana cada vez más adeptos. Si bien se dedica a lograr los potenciales máximos que una persona pueda dar en todos los ámbitos, son quienes tienen puestos de liderazgo los que más utilizan este tipo de “entrenadores personales” autodenominados coachs.

lun 29 de abril de 2013
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 Por Florencia Álvarez



Damián Goldvarg
Foto: Gabriel Reig

Hay una nueva profesión en boga, se trata del coaching. Una modalidad de entrenamiento –que sirve tanto para el orden de lo profesional como de lo personal– donde un “coach” se encarga de maximizar el potencial de una persona para que logre alcanzar sus metas. 

Algo así como lo que hacen los preparadores físicos con los deportistas pero, en este caso, trabajando con el intelecto de los popes de las compañías para conseguir mejores resultados, ya sea en la relación con el equipo de trabajo, en la efectividad, en el manejo del tiempo, e incluso sobre el legado, ya que también se trabaja con gente que está a punto de retirarse y quiere dejar su marca en la compañía. 

Damián Goldvarg es argentino pero está radicado en Los Ángeles desde hace muchísimos años. Es el presidente electo de la Federación Internacional de Coaching(ICF por sus siglas en inglés) para el año 2013.

“El trabajo de coach no es resolver problemas, sino desarrollar el talento. Favorecer el crecimiento y enriquecimiento de los ejecutivos. Ayudarlos a que estén listos para que cuando tengan que tomar nuevas responsabilidades puedan hacerlo efectivamente”, describe. Goldvarg trabaja con ejecutivos, generalmente gerentes, CEO y supervisores de diferentes tipos de organizaciones, preparándolos para que se sientan seguros en los nuevos desafíos que deban enfrentar. 

El mecanismo de trabajo es a través de conversaciones en las cuales exploran cuáles son las metas y objetivos a alcanzar para poder lograrlos. Son planes de trabajo que van variando dependiendo de las necesidades de cada uno. Generalmente son sesiones semanales de una hora –aunque también hay casos donde se hacen cada 15 días– y se recomienda un tiempo mínimo de seis meses para ver resultados positivos. Sin embargo, para el cliente, el trabajo se transforma en algo continuo, ya que tiene que poner en práctica lo que habla con su coach durante las 24 horas. Goldvarg entrena a gente de todo el mundo, usualmente por Skype o por teléfono, a veces intercambiándose con la persona nada más que una foto. “Solo 10% de mis clientes me visitan en la oficina”, asegura. 

Tiene una licenciatura como psicólogo clínico de la Universidad de Buenos Aires, una maestría en counseling
 de la Universidad de Northridge, en California, y un doctorado en Psicología Organizacional. “Pero no se necesita ser psicólogo para ser coach. La gente que estudia coaching tiene diferentes profesiones: docentes, arquitectos, pueden ser cualquier cosa y dedicarse a esto”, afirma. 

Sin embargo, la pasión de este hombre por lo que hace arrastró a toda su familia, muchos de ellos viniendo sí de la psicología: “Mi mamá es coach
 y psicóloga, acabo de escribir un libro con ella demostrando cómo se tienen que aplicar las 11 competencias que debe tener un coach
 para definirse como tal. Mi padre estudia para coach, mi hermano y su esposa también; es de familia porque lo vemos como una posibilidad de trabajar con gente a quien podemos darle mayores posibilidades en sus vidas”, sostiene.

Un proceso creativo

La ICF es la principal organización mundial dedicada a fomentar la profesión a la cual define como “un proceso creativo, desafiante, que trabaja en inspirar a las personas para maximizar su potencial, ya sea en el plano personal o laboral”. La institución se creó en Estados Unidos hace 16 años, cuando varias escuelas se unieron con el objetivo de desarrollar la profesión y definir estándares éticos y profesionales, y de proveer credenciales y certificados que avalen a sus integrantes de forma mundial. 

También actúa como una fuente autorizada de información e investigación sobrecoaching. La federación tiene hoy 20.000 miembros en 110 países y el número promete ir progresivamente en aumento. En la Argentina, se abrió una oficina hace dos años con solo cinco integrantes y actualmente cuenta con 200. 

Según Goldvarg, muchas veces y como resultado del coaching, la gente aprende a escuchar, no solamente a sus empleados y subordinados sino también a su familia “y le cambia la vida”. Asegura que es algo así “como un lavado de cerebro que consiste en ver otras posibilidades en el mundo. Se mejoran las habilidades de comunicación para ver no solo las necesidades personales sino las de las personas que están alrededor. Es importante poder hacerse preguntas que permitan explotar territorios no explorados hasta el momento. A partir de estas preguntas es posible darse cuenta de cosas”. 

Una de las estas cosas a las que Goldvarg se refiere es, en primer lugar, descubrir cuáles son los puntos fuertes de la persona que se acerca al coaching porque desde allí es que se empezará a trabajar. “El proceso no lo encaramos desde mejorar los puntos débiles sino centrándonos en los puntos fuertes, que son los que nos hacen exitosos. Es un modelo que se llama apreciativo, donde se destacan las fortalezas de las personas para poder conseguir resultados”.

A decir de Goldvarg, si los puntos débiles no son un estorbo para conseguir las metas, es mejor dejarlos de lado, ignorarlos. Propone que es preferible dedicar el tiempo y la energía en algo que sí puede servirnos y funcionar. “Pero si esos puntos débiles están en el medio de algo, hay que trabajarlos. Por ejemplo, mucha gente de finanzas y negocios es muy buena para la parte racional y lógica, pero suele no ser tan eficiente para manejar la parte emocional, y si esas personas quieren tener buena relación con su equipo, tienen que trabajarlo. Si en una entrevista de trabajo tienen que elegir entre dos ejecutivos con la misma experiencia y las mismas habilidades, van a elegir no solo a quien tiene la experiencia, las habilidades cognitivas, los títulos y la educación, sino también quien tiene la inteligencia emocional, la capacidad para relacionarse con otras personas efectivamente”.

Costo del servicio

En cuanto a si es costoso para las compañías contratar el servicio para que sus ejecutivos encaren el día a día con el sostén de un coach
 a su lado, el especialista dice que sí porque cuesta un promedio de US$ 250 la sesión, pero que es algo que se transforma en una ventaja competitiva, como invertir en entrenamiento o desarrollo. “Las compañías que invierten en su gente son imanes de talento, porque los recién recibidos que tengan que elegir entre dos organizaciones que pagan lo mismo, pero una de ellas da oportunidades de crecer y desarrollarse, va a elegir a esta última. Si una compañía ofrece coaching, pasará lo mismo”. 

La confianza es lo primero que tiene darse entre un coach
 y su cliente para que la persona pueda sentirse relajada y segura. Otro punto que se toma como fundamental es la confidencialidad. En esas sesiones se maneja mucha información relacionada con las empresas y el coach está en contacto con gente de muchos ámbitos. 

“Yo no puedo divulgar nada, absolutamente nada de lo que hablamos con los clientes”, aclara Goldvarg. Por otro lado, todavía hay una vieja idea instalada de que si uno tiene un coach es porque algo anda mal. “Por eso mucha gente no quiere que se sepa que están trabajando en esto. Hay quienes todavía no entienden que se trata de ayudar a que la persona llegue a ser lo mejor de sí misma. Es un proceso que ayuda a pasar al siguiente nivel”, concluye Goldvarg.

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