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Vida y Estilo

La cocina, de los hombres

El concepto machista de que la cocina es el lugar de la casa destinado a las mujeres va perdiendo fuerza a medida que más hombres se interesan en el arte culinario.

lun 21 de mayo de 2012
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A medida que más mujeres han dejado atrás las labores domésticas para concentrarse en sus carreras profesionales, los hombres han tenido que adaptarse. La generación X ha impulsado un cambio en el lugar con mayor impronta femenina de la casa: la cocina. Un estudio de la Universidad de Michigan marca que aunque las mujeres todavía cocinan el 51% del tiempo, los hombres están peligrosamente cerca de superarlas. En promedio los hombres cocinan 34 comidas por mes, 8 veces por semana. Y eso no es todo: su adicción va más allá de la sartén y se extiende a canales de comidas, revistas especializadas y blogs de críticas.

Es más cierto que nunca que a los hombres se los conquista desde el estómago pero ellos son los que están detrás de la hornalla. Esto es un paso más en la carrera por la equidad. Quedaron atrás los tiempos en los que la mujer hacía todas las comidas y eso también se refleja en los medios: las imágenes tradicionales de las mujeres felices cocinando son reemplazadas por nuevos modelos a seguir, como el cocinero Wolfgang Puck o, a escala local, Martiniano Molina.

La cocina, como cualquier actividad creativa, no tiene limitaciones de género. Muchos hombres han encontrado que no solo les gusta cocinar, sino que son buenos. Han formado nuevas relaciones, supliendo también la tarea de hacer las compras. El hombre se tutea con el verdulero, con el carnicero, con el almacenero, porque quiere los mejores ingredientes. Hay allí una tarea que nace de la necesidad, tal vez, pero que muchos han adoptado como hobbie.

Le da, también, la posibilidad de sentirse necesario en el contexto de la crianza de los hijos. Si es cierto que a los hombres les gustan las tareas manuales como la carpintería o la mecánica, ¿por qué no batir un huevo 400 veces hasta dejarlo realmente espumoso? ¿Por qué alejarse de la tarea maravillosa de aplastar unas milanesas?

La tecnología ha cambiado las cosas allí también: ha permitido que otros elementos entren en la cocina, que permiten perfeccionar el arte de comer. Pero para usarlos hay que aprender y eso requiere tiempo y concentración. Se crea, entonces, un verdadero ritual a la hora de cocinar que trasciende prender el horno: abrir una botella de vino, descontracturarse de las presiones del día, comenzar a crear un plato que satisfaga a todos.

En este sentido los hombres de la generación X (y pronto los chicos del milenio) puede sentirse parte de una tradición que va desde sus ancestros más lejos hasta sus abuelos: crear algo con las manos para el placer de la familia, de la comunidad, es una tarea extremadamente masculina. Cocinar, también.

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