Martes 25 de junio de 2019
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Febrero es un mes peculiar. Por empezar, es corto (lo cual para muchos no deja de ser una bendición). Pero, además, a esa sensación de que le faltan dos o tres días para ser un mes en serio, se le suman otros datos. En esta parte del mundo, al menos, hace calor y es un período vacacional por antonomasia. Cierto es que esas características las comparte con su antecedente, pero enero es otra cosa: es el típico momento de los balances, de los anuarios, del análisis de las perspectivas de lo que vendrá. Febrero, en cambio, fue históricamente la época del carnaval, esa fiesta pagana nacida para celebrar la vida por sobre las pestes, por sobre la muerte. Y donde cada quien podía jugar un rato a dejar de ser lo que era para vestir el disfraz que le cayera en gana, olvidar la rutina cotidiana y disfrutar con permiso de feriado. Por eso, por la fugacidad, por el calor, por el clima de vacaciones, por el espíritu carnavalesco que ronda al menos como fantasma, qué mejor que poner al humor en la portada. Además, porque hay un consenso generalizado de que es un sentido que revela la inteligencia. Pero no cualquier humor, claro. MERCADO es una revista de economía y negocios, así que para sostener la coherencia -aun con una sonrisa y 40 grados de sensación térmica- los temas que desfilan por estas páginas tienen que ver de alguna manera con ese eje. Y había también que mantener el nivel de excelencia. Por eso hizo una selección de los mejores chistes de un humorista y escritor de primera línea, uno de esos indiscutidos e indiscutibles: Roberto Fontanarrosa, padre de criaturas tan entrañables y disímiles como Boogie el Aceitoso o Inodoro Pereyra, y que día a día condensa la realidad dentro de un pequeño cuadrito desde el diario Clarín. Puesto ante la disyuntiva de discernir si las cuestiones económicas avanzaron sobre el humor o viceversa, Fontanarrosa no duda: "La economía, los números y todas la cuestiones vinculadas a eso han avanzado sobre la sociedad en su conjunto. Entonces es como que está todo invadido por el tema y, si se quiere, yo me encuentro dentro de los que se sienten casi un poco marginados, en el sentido de que al no conocer técnicamente la cosa estoy simplemente trabajando sobre las consecuencias. Uno ve que hay desempleo, que hay pobreza, qué se yo... Ahora, jamás podría sostener una charla de cinco minutos con un experto en economía". Fontanarrosa se muestra convencido de que el protagonismo -temático y de personajes- de los chistes se ha corrido de eje. "Acá siempre ha habido una escuela de sátira política, social; antes los protagonistas eran los políticos, las fuerzas armadas. Pero como habitualmente el humor se hace en contra del poder, en este momento los elementos de poder serían ésos, los económicos". Los chistes que se despliegan en estas páginas tienen que ver con la desocupación, la pobreza, la flexibilización laboral, la deuda externa, la situación de los jubilados, de las Pymes. Temas duros, sin duda. "Yo siempre hago la relación del sabor frutilla", dice el humorista; "a mí me daban de tomar unos medicamentos de gusto espantoso. Hoy por hoy, la mayoría de las noticias vinculadas con la economía son durísimas, pero uno puede informar y darle el sabor frutilla, que no modifica la cosa pero al menos hace que se la pueda digerir mejor. Y además, reír a uno lo pone bien, es saludable, es importante". Así pues, a reír, que todo va mejor. Con humor.
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