MiéRcoles 16 de octubre de 2019
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Informe especial
Según distintas encuestas, desde los usuarios residenciales hasta los gerentes de empresas de mediano porte se sienten confundidos ante las nuevas ofertas de precios y servicios. Lo que parece una paradoja, si se considera que las telcos ocupan las primeras posiciones en los rankings de inversión publicitaria. El mercado de telecomunicaciones en la Argentina conforma un negocio que factura US$ 11.000 millones anuales. Una torta que se repartirá entre unas 20 empresas que, al calor de la desmonopolización, ingresarán a la carrera durante este año para ofrecer servicios de telefonía local, larga distancia, acceso a Internet y transmisión de datos, entre otros. Las cifras oficiales indican que en los próximos tres años llegarán inversiones por US$ 4.000 millones para este sector. Las expectativas son muchas; entre ellas, una fuerte rebaja de precios, impulsada por la competencia, y la mejora de los servicios, además del lanzamiento de nuevas opciones. Sin embargo, son pocas las nuevas empresas que comenzaron a ofrecer sus servicios desde que el 9 de noviembre se desreguló el mercado. Entre ellas se destacan AT&T, Impsat y Techtel. Las nuevas formas de facturación cambiarán los tradicionales conceptos de tiempo y espacio manejados por las telcos. Tarifas planas y a todo el país se impondrán hacia mitad de año. Los combos de llamadas locales, acceso a Internet y un abono de larga distancia serán los ejes de comercialización entre pequeñas y medianas empresas. Los productos prepagos comenzarán a dominar el escenario de las telecomunicaciones, dirigidos tanto a las microempresas como a los usuarios residenciales. Además, serán convergentes, ya que una tarjeta prepaga servirá tanto para llamadas de larga distancia como para cargar celulares. No sólo los operadores están interesados en la apertura del mercado. También los proveedores de tecnología que apuestan a la migración a servicios móviles y, en particular, a la tercera generación de celulares. Los proveedores de acceso a Internet enfrentan un nuevo escenario competitivo y los servicios de alta velocidad comienzan a ser ofrecidos mediante distintas tecnologías, como las inalámbricas, el cable módem y el ADSL. Alentadas por la baja de costos de la transmisión de datos, varias empresas hacen su apuesta al negocio del hosting. Diveo, Optiglobe, Impsat, Telefónica y Telecom construyeron o están terminando enormes instalaciones para que las empresas que quieran incursionar en negocios virtuales puedan tercerizar su tecnología. La recompensa es grande, el negocio del hosting facturará más de US$ 2.000 en toda la región.
Portada
Febrero es un mes peculiar. Por empezar, es corto (lo cual para muchos no deja de ser una bendición). Pero, además, a esa sensación de que le faltan dos o tres días para ser un mes en serio, se le suman otros datos. En esta parte del mundo, al menos, hace calor y es un período vacacional por antonomasia. Cierto es que esas características las comparte con su antecedente, pero enero es otra cosa: es el típico momento de los balances, de los anuarios, del análisis de las perspectivas de lo que vendrá. Febrero, en cambio, fue históricamente la época del carnaval, esa fiesta pagana nacida para celebrar la vida por sobre las pestes, por sobre la muerte. Y donde cada quien podía jugar un rato a dejar de ser lo que era para vestir el disfraz que le cayera en gana, olvidar la rutina cotidiana y disfrutar con permiso de feriado. Por eso, por la fugacidad, por el calor, por el clima de vacaciones, por el espíritu carnavalesco que ronda al menos como fantasma, qué mejor que poner al humor en la portada. Además, porque hay un consenso generalizado de que es un sentido que revela la inteligencia. Pero no cualquier humor, claro. MERCADO es una revista de economía y negocios, así que para sostener la coherencia -aun con una sonrisa y 40 grados de sensación térmica- los temas que desfilan por estas páginas tienen que ver de alguna manera con ese eje. Y había también que mantener el nivel de excelencia. Por eso hizo una selección de los mejores chistes de un humorista y escritor de primera línea, uno de esos indiscutidos e indiscutibles: Roberto Fontanarrosa, padre de criaturas tan entrañables y disímiles como Boogie el Aceitoso o Inodoro Pereyra, y que día a día condensa la realidad dentro de un pequeño cuadrito desde el diario Clarín. Puesto ante la disyuntiva de discernir si las cuestiones económicas avanzaron sobre el humor o viceversa, Fontanarrosa no duda: "La economía, los números y todas la cuestiones vinculadas a eso han avanzado sobre la sociedad en su conjunto. Entonces es como que está todo invadido por el tema y, si se quiere, yo me encuentro dentro de los que se sienten casi un poco marginados, en el sentido de que al no conocer técnicamente la cosa estoy simplemente trabajando sobre las consecuencias. Uno ve que hay desempleo, que hay pobreza, qué se yo... Ahora, jamás podría sostener una charla de cinco minutos con un experto en economía". Fontanarrosa se muestra convencido de que el protagonismo -temático y de personajes- de los chistes se ha corrido de eje. "Acá siempre ha habido una escuela de sátira política, social; antes los protagonistas eran los políticos, las fuerzas armadas. Pero como habitualmente el humor se hace en contra del poder, en este momento los elementos de poder serían ésos, los económicos". Los chistes que se despliegan en estas páginas tienen que ver con la desocupación, la pobreza, la flexibilización laboral, la deuda externa, la situación de los jubilados, de las Pymes. Temas duros, sin duda. "Yo siempre hago la relación del sabor frutilla", dice el humorista; "a mí me daban de tomar unos medicamentos de gusto espantoso. Hoy por hoy, la mayoría de las noticias vinculadas con la economía son durísimas, pero uno puede informar y darle el sabor frutilla, que no modifica la cosa pero al menos hace que se la pueda digerir mejor. Y además, reír a uno lo pone bien, es saludable, es importante". Así pues, a reír, que todo va mejor. Con humor.
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